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Descripción artísitica

La talla del Señor de la Puente

Imagen del Señor de la Puente El 5 de agosto de 1987, la Hermandad de la Puente decide encargar a Juan Manuel Miñarro López la nueva imagen del titular de esta histórica corporación malacitana, considerada únicamente por la critica especialista como la figura más elegante de Nazareno que ha ejecutado el autor (...) que aún en el momento de su Prendimiento (...) se muestra como aquello que es: el Señor de los Señores (Díaz Vaquero). De notable calidad artística y soberana planta, se trata de un Cristo maniatado, de enaltecida prestancia y apostura, cuya composición corporal se aparta del estatismo el predominante en la iconografía del Cristo preso, en pos de un planteamiento versátil y dinámico que postula una actitud itinerante y agresiva en el movimiento de la escultura.

Volúmenes y tensiones se contraponen en la resolución compositiva de otras zonas del cuerpo. El tronco se inclina hacia el frente por la línea de la cintura, mientras el torso gira a la derecha. La rotación de la cabeza hacia esa misma dirección acompaña el escorzo con antelación. Como sucede en toda escultura poliédrica, los ángulos de visión se multiplican al orientar los brazos hacia el lado opuesto, esto es, hacia la izquierda. Idéntica fuerza respira el modo de disponer y cruzar las manos montando la diestra sobre la izquierda con los dedos en semiflexión y crispación de los tendones extensores, en un intento de reflejar la violencia y dramatismo requeridos por la iconografía.

En la valiente cabeza de Jesús de la Puente, Miñarro sintetiza las claves estilísticas que informan su modo personal de entender la estuaria policromada y su desprecio a una fisonomía de carácter arquetípico, tan utilizada en nuestros días como patrones empleados hasta la saciedad, dando lugar a estereotipos exentos de creatividad. Su especulación intelectual no se halla reñida con la evocación y la cita al clasicismo de Juan Martínez Montañés. Esa conjunción de equilibrio, serenidad y silente patetismo origina que el semblante de esta obra se halle invadido por la frialdad y el distanciamiento propios de su renuncia a entablar diálogo directo con el espectador.

Sin embargo, no es menos cierto que también alcanza cualidades excepcionales como representación de un estado de ánimo introspectivo, melancólico y sumamente emotivo. El rostro, de carnaciones grisáceas y elegantes perfiles aristocráticos, presenta cejas finas enarcadas, nariz luenga y afilada, ojos entornados con párpados superiores muy cargados y la mirada perdida, boca entreabierta, pómulos angulosos y tímido encogimiento de la frente. De la cabellera se desprenden sendas guedejas rizadas, división seguida en la partición de la barba en dos mitades puntiagudas con característicos mechones cortos y ondulados.

La iconografía de Jesús de la Puente del Cedrón se completa con las tres potencias o haces de rayos que circundan la cabeza a modo de diadema. Sus metales, esmaltes y piedras preciosas simbolizan la Gracia, Ciencia y Potencia del personaje y su entereza a lo largo de la Pasión, por mor de sus excepcionales facultades intelectivas de Memoria, Entendimiento y Voluntad. El simbolismo de estas preseas se completa con la vestidura bordada que redundan en la exaltación mesiánica del protagonista y sus atributos heteróclitos de Profeta, Sacerdote y Rey.

Complementa la imagen del Señor de la Puente, una suntuosa túnica de terciopelo burdeos, bordada con hilos de oro y plata, ejecutada por la bordadora malagueña Teresa de Linde en 1760-1768. Se trata de la pieza de bordado más antigua que se procesiona en la Semana Santa de nuestra capital.