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HISTORIA2017-12-26T11:32:21+00:00
Siglo XVII

Los Orígenes de la Hermandad

La primera referencia documental o si se prefiere, documento más antiguo conocido que habla de la existencia de la Hermandad, está fechado en el año de 1647, y se trata, como en otros tantos casos análogos de hermandades en nuestra Ciudad, de una disposición notarial registrada en la escritura de protocolo del escribano Jaime Blanco, por la que Juan de León, hermano que fue de esta Hermandad, deja dispuesto en su testamento una limosna (herencia) a favor de la misma.

“En la ciudad de Málaga en cinco días del mes de diciembre de 1647 años ante mi el escribano público y testigos de uso escritos compareció Francisco García, vecino de esta ciudad a quien doy fe que conozco y digo que como mayordomo de la Hermandad del Santo Cristo de la Puente del Cedrón, de la Cofradía del Santo Cristo de la Columna, sita en la iglesia Parroquial del señor de San Juan de esta ciudad, recibió de Francisco del Pozo y de Diego Hurtado, como albaceas de Juan de León, difunto hermano que fue de la dicha Hermandad, sesenta reales de los cien que por cláusula de su testamento había dejado de limosna por entero más que hasta los setenta reales que ha recibido por esta razón y como tal mayordomo de que se dio por enterado… fueron testigos el Licenciado Juan Blanco, Gerónimo de Uribe y Juan de Astudillo, vecinos de Málaga”.(1)

Esta escritura, la más antigua que se conserva, se trata de un documento de enorme interés histórico, en cuanto, y ante la ausencia de acta fundacional alguna que verifique su institución, nos proporciona una serie de informaciones sobre los orígenes de Hermandad y por la que podemos conocer lo siguiente: Que la Hermandad existía en dicho tiempo, deduciéndose de ello, aun a faltade documentos que lo acrediten, que tuvo que ser su fundación en años anteriores, posiblemente en las primeras décadas del XVII; que figuraba establecida en una de las cuatro primeras Parroquias de la ciudad, la iglesia de San Juan Evangelista (hoy llamada Bautista); y que aquellos años dependía o estaba bajo la dependencia de otra corporación, la Cofradía del Santo Cristo de la Columna, desaparecida en nuestro tiempo.

Es gracias a estas fuentes que nos proporcionan esta escritura, a partir de la cual podemos reconstruir los orígenes de esta Hermandad e igualmente reconocer el contexto en que se forma misma.

No en vano, esta fecha de 1647 en la que se tienen las primeras referencias documentales acerca de la Hermandad, coincide con una periodo, el comprendido entre los últimos años de la década los de los treinta y toda la de los cuarenta, donde se produce una proliferación de fundaciones cofrades sin precedentes, ya que no se encuentra hasta bien entrado el siglo XX otra periodo más fecundo. Esta eclosión cofrade de la que hablábamos, tiene cierta relación con el periodo de terribles epidemias que entre 1637 y 1649 padeció la Málaga.

La existencia de la Hermandad en la Parroquia de San Juan, es un hecho singular, pues curiosamente, en ninguna de las cuatro parroquias de la ciudad radicaban cofradías, ya que todas estaban establecidas en los conventos de distintas órdenes monacales; solo en la Iglesia de San Juan se verifica la presencia de hermandades de pasión; la de la Columna, la de los Dolores y la de la Puente.

En lo que respecta a su dependencia con la cofradía de la Columna, hay que especificar que en aquellos tiempos era un fenómeno algo normal que muchas hermandades estuviesen bajo el cobijo de otra matriz. Así ocurría con la de la Puente, que junto a la de Nuestra Señora del Triunfo, denominada después de la Soledad y luego como de los Dolores de San Juan, fueron filiales de la Columna.

La Cofradía del Santo Cristo de la Columna fue fundada en el hoy desaparecido Convento de la Santísima Trinidad, extramuros de la Ciudad, trasladándose luego a la Parroquia de San Juan, como así lo atestigua este escrito perteneciente a la citada Cofradía: “estando en la iglesia Parroquial del señor San Juan de esta ciudad de Málaga en 7 del mes de abril de 1647 años ante mí escribano público y testigo, se juntan los hermanos de la Cofradía del Santo Cristo de la Columna, que primero fue instituida en el convento de la Santísima Trinidad, extramuros de esta ciudad, y después se trasladó a dicha Parroquia, …”. (2) Fue durante buena parte del siglo XVII una de las más importantes y de mayor abolengo. La última referencia documental encontrada acerca de esta antigua cofradía es del 3 de abril de 1798 del Semanario Malagueño (3), quien nos da cuenta en sus noticias sobre las procesiones que tendrán lugar esa Semana Santa, de la salida procesional que desde la Iglesia de San Juan efectuará el Miércoles Santo esta Cofradía. En el transito del siglo XVIII al XIX se produce su ocaso, muy posiblemente motivado a raíz de las normas dictadas por los gobiernos ilustrados, perdiéndose definitivamente tras la invasión y ocupación de Málaga por las tropas francesas (1810-12) la Imagen y con ella la cofradía, al no encontrarse noticias alguna desde entonces de la existencia de la misma.

Con los años la Hermandad de la Puente que se encontraba, como se ha referido anteriormente, bajo el patronazgo de la Columna, emprenderá un proceso de segregación de la hermandad matriz; la fecha que marcará este proceso emancipatorio será 1655. En este año, fueron presentadas ante el Provisor del Obispado, el texto de unas constituciones que serán aprobadas el 1 de abril de 1655, ocupando la sede episcopal D.Alonso de la Cueva-Benavides y Mendoza Carrillo.

Ya con el plácet de la autoridad eclesiástica, ocho meses después, el 26 de diciembre de 1655, se reunirán ambas corporaciones; por una parte el Hermano Mayor y mayordomos de la Cofradía de la Columna y por el otro, mayordomos y hermanos de la Hermandad de la Puente, para, acordando ratificar dichas constituciones, que otorgaban a esta última la potestad de actuar autónomamente, dejar constancia de estas mediante escritura pública notarial. (4)

Desgraciadamente, el texto de esas constituciones con su articulado que hace alusión esta escritura, no se hallado de momento, particularidad que hubiese sido determinante para averiguar, entre otras muchas cosas, si estas fueron las primeras constituciones que tuvo la Hermandad, pues es de suponer que cuando se erigió o fundó como tal tuvieron que realizarse algunas constitu ciones, o por el contrario se regía por las de la Columna. En cualquier caso lo que si nos podemos aventurar a afirmar, es que estas sí son las primeras como hermandad para actuar con capacidad normativa propia.

Sin embargo, la aprobación de estas constituciones, como se verá, no supuso la ruptura total con la Cofradía de la Columna, a la que siguió de alguna forma vinculada. En todo ello es justo mencionar el papel que jugó la figura de Juan de Ovando y Santaren, quien siendo Hermano Mayor de la Cofradía de la Columna, actuó favorablemente en ese proceso de emancipación de la Hermandad, a la que ayudó a consolidarse, ocupando el cargo también como Hermano Mayor.

Juan de la Victoria Ovando y Santaren Gómez de Loasya Rojas (1624-1706), perteneció a una de las familias nobles de más abolengo de la ciudad. Fue caballero de la Orden de Calatrava, Capitán de Infantería y uno de los poetas más relevantes de la Málaga barroca del siglo XVII. Cristiano piadoso, su vinculación con las hermandades de pasión le viene de tradición familiar, en particular con la de la Columna, a la que sus antecesores habían sido hermanos mayores y patronos, y que por ende lo fue de las hermandades de La Puente y los Dolores de San Juan, a las que contribuyó notoriamente para que tuvieran vida propia.

Lo acaecido en la Hermandad, no fue un hecho asilado, pues apenas pocos años después, esto mismo se reproducirá en la otra hermandad filial, la de los Dolores de San Juan. Este proceso de formación de reglas iniciado por las hermandades filiales nos da a pensar, que algo debió acontecer en el seno del tronco común de la cofradía matriz para que se originase ese proceso emancipatorio.

En 1675 se redactaron nuevas Constituciones, que fueron aprobadas el 4 de enero de 1675, (5) que a su vez, cumpliendo con las promulgadas Constituciones Sinodales de 1671, fueron sancionadas el 8 de marzo de 1677 por el Obispo de la Diócesis, Fray Alonso de Santo Tomás. (6)

El texto de estas Constituciones, conservado íntegramente hasta nuestros días, se presenta en tres páginas, escritas en letra impresa. Las mismas se inician con una parte preliminar cuyo encabezamiento resulta muy singular de esta Hermandad, al recogerse en posteriores ordenanzas, y que se enuncia de esta forma:

“En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero: para su mayor gloria y honra de su Madre Santísima, la Virgen Nuestra Señora que fue concebida sin pecado original desde el primer instante de su ser. Los hermanos que somos en un número de sesenta, congregados de la nuestra Hermandad del Paso del Cedrón que sale en la Cofradía del Santo Cristo de la Columna, sita en la Parroquial del Señor San Juan de esta ciudad de Málaga, de que es Hermano Mayor don Juan de la Victoria Ovando Santarén, caballero de la Orden de Calatrava y capitán de la Infantería Española por el Rey nuestro señor, para mejor gobernarnos en esta nuestra Hermandad nos juntamos Diego de Iniesta y Alonso de Herrera, mayordomos; Juan Pérez Trujillo, Padre de Almas, y el Licenciado don Luís González de Lopera, Fiscal, en voz y en nombre de los demás hermanos, a darle la forma y hacer las constituciones siguientes: .”. (7) Estás reglas están estructuradas en trece artículos que recogen los aspectos más sobresalientes y que constituyen, por toda la información que en ella se aporta, una preciada e interesante fuente documental para conformar y conocer la historia de esta Hermandad en su primer siglo de existencia.

En dichas Constituciones figuraba como el primero de todos los artículos un primordial precepto para todo los hermanos, que constituirá ser uno de los principios de esta Institución, el jurar y defender el misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen: “Primeramente pedimos, y rogamos a los hermanos presentes, como a los ausentes, y a los que serán de aquí en adelante de esta Santa Hermandad del Santo Cristo de la Puente del Cedrón, que como mejor medio para servir con toda perfección a su Divina Majestad sé ha de reverenciar a su Santísima Madre María Señora nuestra, y que hagan voto en presencia de esta Señora, de defender en público, y en secreto el Misterio de la Inmaculada Concepción de la Reina de los Ángeles María Señora nuestra concebida sin pecado original”. Precepto mariano que la Hermandad defenderá en todas las posteriores reglas.

A través de estas Constituciones podemos conocer un aspecto tan importante para toda institución como era el como se gobernaba en ese tiempo y que cargos conformaban su gobierno. La estructura de gobierno la componían dos órganos; el Cabildo y la Junta de Oficiales. Como se ha mencionado, estos oficiales eran elegidos por el Cabildo. La forma de su elección y quienes debían ser electos lo define claramente el artículo 9 de las constituciones de 1675 que, al respecto, determinaban lo siguiente: “Por la dificultad de juntar a todos los hermanos a Cabildo, sea válido el que le hiciere solo con doce por los menos, y entre estos se eligieran dos mayordomos, un Padre de Almas, y un Fiscal y este Cabildo ha de ser mediada la que reine por votos secretos. Y pueden los Hermanos por sus Cabildos alterar, y moderar todo aquello que fuera conveniente al servicio de la Hermandad. Y el que saliese nombrado por más votos lo ha de aceptar, y a ello se le ha de apremiar; y si lo rechazase, sea condenado en cuatro libras de cera para esta Hermandad. Y los dichos mayordomos nombrados han de ser obligados a cobrar las demandas y luminarias, y las demás diligencias tocantes al servicio de dicha Hermandad”.

Aunque en dichas Constituciones no se habla de la elección o mandato del Hermano Mayor, en el caso de la Puente, resulta evidente que su cargo respondía al de la figura más bien de un patrono benefactor. Como se ha mencionado anteriormente, muchas hermandades, entre ellas la Puente, para el mejor gobierno de la Corporación ponían su presidencia bajo al mecenazgo de un noble, que además de otorgarles cierto prestigio, les facilitaba medios económicos. Tales fueron los casos de Juan de Ovando o de Juan Carlos Swert, dos personajes pertenecientes a familias nobles de la ciudad y que estuvieron en la nómina de esos primeros hermanos mayores de esta Hermandad. Por dichos motivos expuestos, la duración del mandato de estos no estaba sujeta a un tiempo concreto, más aun, si a los intereses de la Hermandad le convenía su permanecía.

Al igual que en el presente, el resto de cada uno de los cargos tenía una función: así los mayordomos, además de ocupar la más alta instancias, les correspondía el llevar los libros de inscripción de hermanos, los de cuentas y el de registros o actas; el Padre de Almas, figura que tenia una labor estrictamente asistencial, referida a organizar y llevar a cabo todo lo concerniente a los funerales y entierros de los hermanos difuntos; y el fiscal, cuyo cargo tenía la responsabilidad de velar por el cumplimiento de las constituciones y la custodia del Arca (caja donde se guardaba los bienes y el dinero) y de la que hablaremos más adelante.

Por lo que respecta a la realización de las salidas procesionales, hay que decir que durante los siglos XVII, XVIII y principios del XIX la hermandad no efectuaba sola la procesión. Como era costumbre, cada iglesia (con cofradías)tenía asignado un día de salida: así el Miércoles Santo lo hacían las de la parroquia de San Juan; el Jueves Santo, las de la Merced y las de San Luís El Real, que debido al número de cofradías allí establecidas, se repartían algunas al Viernes; y finalmente el Viernes Santo las de Santo Domingo y las de San Agustín, amen, de algunas cofradías que al encontrarse como únicas en otras iglesias, se incorporaba a un día determinado. De este modo, la Puente hacía su salida en la tarde del Miércoles Santo, realizando estación de penitencia en la Santa Iglesia Catedral junto a las demás hermandades radicadas en la Parroquia, formando un mismo cortejo procesional.

Serán igualmente en estas Constituciones de 1675 las que nos aportarán las primeras noticias sobre como era el hábito que debían llevar los penitentes en la procesión: “A cada hermano se le ha de dar una hacha y con ella ha de ir alumbrando la santa insignia de la Puente del Cedrón, vestido con una túnica de lienzo morado, la cual haya de hacer el hermano a su costa, llevando rostro descubierto, y con un escapulario de tafetán morado y un escudo en el brazo con la insignia del Santo Cristo llevando puesta valona llana”. (24)

El hecho de ir con el rostro descubierto, respondía a la Real Cédula promulgada en 1672 por el Rey Carlos II y a las Constituciones Sinodales de 1671, que prohibían las caras tapadas durante la procesión; disposición que la Hermandad de la Puente acató desde el primer momento. Práctica que mantuvo fielmente hasta mediados del siglo XIX.

Al analizar la vida de la Hermandad en esta época, no se puede olvidar una de sus fines principales recogidos en esas Constituciones, el que constituyó ser la actividad más importante durante sus tres primeros siglos de existencia, hay que referirse, a la labor asistencial con los hermanos, socorriéndoles en sus enfermedades y dándoles enterramiento con gran pompa y fervor, costeándoles, además, misas y sufragios.

Toda esta labor asistencial que la Hermandad ofrecía, como era comprensible, estaba sujeta a unas obligaciones. A cambio, la persona por pertenecer a la misma y favorecerse de todas estas prestaciones tenía que satisfacer unas cuotas llamadas luminarias. Así cuando una persona ingresaba en la Hermandad, esta debía de abonar dos reales y una cuota mensual de un real. Además, cuando un hermano fallecía los hermanos abonaban dos reales y en caso de que faltase dinero lo ponía la propia tesorería de la Hermandad.

Un hecho memorable en estos años, es el acontecido en los últimos años de ese siglo, cuando por parte del Obispo D. Bartolomé Espejo y Cisneros concede el 25 de marzo de 1696 a la Hermandad, el privilegio, a los que visitasen la Capilla del Señor de la Puente, de cuarenta días de indulgencias: “Concedemos los cuarenta días de indulgencias que se nos piden en el presente memorial a los que visiten la Capilla del Santo Cristo de la Puente, rezándole con devoción, por la exaltación y conservación de nuestra Fe Católica y necesidades presentes de nuestra Monarquía”. (8)

CRÉDITOS
“BREVE HISTORIA DE LA HERMANDAD”
Extracto sobre estudio histórico realizado por Diego Hermoso Ruiz-Vázquez

FUENTES DOCUMENTALES
(1) – A.H.P.M.: Escribanía de Jaime Blanco, leg. 2.045 – Año 1647.
(2) – A.H.P.M.: Escribanía de Juan Hidalgo, legs. 307-310. – Año 1647.
(3) – A.D.E.: Semanario Malagueño, 3 de abril de 1798.
(4) – A.H.P.M.: Escribanía de Juan Hidalgo; fol/s. 1.503-1.504. Año 1655.
(5) – A.H.P.: Constituciones de 1675.
(6) – A.H.P.: Auto de 1677 por el que quedan aprobadas por el Obispo, Fray Alonso de Santo Tomás,
las Constituciones redactadas por la Hermandad en 1675.
(7) – Ibidem, parte preliminar.
(8) – A.H.P.: Solicitud emitida por la Hermandad al Obispado para la concesión de indulgencias plenaria,
a quienes visitasen la Capilla del Señor de la Puente, y otorgamiento por parte del mismo de esta
indulgencia. Leg.Año 1696.

Siglo XVIII

Apogeo y explendor de la Corporación

Si la centuria pasada constituyó ser el siglo de oro para las hermandades y cofradías, la llegada del siglo XVIII representa para la Hermandad, con respecto al anterior, un tiempo de continuidad, crecimiento y consolidación que le aupará y le hará adquirir notable importancia en el concierto cofradiero malagueño.

De los primeros años de este siglo apenas tenemos noticias en el seno de la Corporación salvo el fallecimiento acontecido el día 11 de mayo de 1706, a la edad de 82 años, de la mítica figura del que fuera Hermano Mayor Mayor y emancipador de la Hermandad, el Caballero de Calatrava, Juan de Ovando y Santarén.

No obstante, debemos precisar que, aunque el fallecimiento de Juan de Ovando sucede en el año citado de 1706, muy probablemente el cargo o patronazgo que ostentaba sobre la Hermandad pudiera haberlo dejado años antes; pues, a tenor de los documentos conservados, constatamos que en el año 1703, por la escritura notarial otorgada ante el escribano público Juan Hidalgo de Vargas, el 13 de diciembre Juan de Ovando renunciaba, por motivos de su avanzada edad y enfermedades propias, al privilegio de seguir llevando el Estandarte principal de la Cofradía del Santo Cristo de la Columna, cediendo y desligándose con ello de los derechos y obligaciones que tenía sobre la misma. (9) A raíz de ello, y apenas un año y tres meses después, el 20 de marzo de 1705, la Cofradía de la Columna nombra en su lugar para este patronazgo al capitán de los tercios de la ciudad Carlos Federico Swert y Silo, (10) curiosamente, y a ello queríamos llegar, progenitor de Juan Carlos Swert y Guerrero, persona que figura ya en estos primeras décadas del siglo como Hermano Mayor / patrón-benefactor de la Hermandad de la Puente. Con ello corroboramos que, con la entrada del siglo la Hermandad asistió a un cambio en su presidencia o patronazo que sobre ella venían ejerciendo, pasando de la familia Ovando y Santarén a la de los Swert, mecenazgo que se prolongará casi hasta finales de dicha centuria.

Juan Carlos Swert y Guerrero, teniente coronel de las milicias y regidor perpetuo del Cabildo Municipal, pertenecía a otra de  las  familias  nobles  de  la Ciudad.  De  orígenes  genoveses,  era descendiente de una familia de importantes mercaderes asentados en Málaga.

El acontecimiento más notorio que tuvo lugar bajo el mandato de Juan Carlos Swert fue la reforma y ampliación de las Constituciones anteriores, reforma que, según se desprende del propio texto de la misma, terminó de ser llevado a cabo el 22 de marzo de 1723. Nuevas reglas que fueron aprobadas el día 24 de marzo de 1724 por el entonces Obispo, D. Diego de Toro y Villalobos. (11)

Con un texto más extenso que las anteriores, las principales novedades que presentan están relacionadas, en primer lugar, con la limitación en el número de hermanos, que se aumenta hasta setenta y dos, en memoria de los discípulos del Señor, y otras que hacen referencia a la administración y al gobierno de la propia Corporación; como por ejemplo; el de como se ha de custodiar el arca de la Hermandad, caja donde se guardaban los bienes más importante, determinando que “Se ha de tener un arca con tener tres llaves, las cuales a de tener cada mayordomo una y otra el calvero”.

En lo concerniente al gobierno de la Corporación estas presentan un nuevo organigrama con mayor número de oficiales, la desaparición de algún cargo y la aparición de otros nuevos; “Se han de nombrar dos mayordomos, dos albaceas, un clavero y dos fiscales. Se a de hacer en Cabildo ante notario con la presencia del Cura más antiguo de la Parroquia, cuyo Cabildo ha de hacerse en el día que fuese más cómodo para los hermanos”. Por primera vez aparece el cargo de clavero, cargo que desempeñará el oficio de contador, y el de albacea que sustituirá a la figura del Padre de Almas, y que a modo de los albaceas testamentarios, serán los encargados de cumplir a su fallecimiento la última voluntad de los hermanos, haciéndose cargo y disponiendo todo aquello que al efecto pudiera corresponderles de acuerdo con las Constituciones. Igualmente se aumenta a dos el número de fiscales. Se hace también mención al periodo de mandato de los mismos: “Que elijan mayordomos, Hermano Mayor y demás oficiales en cada año, lo más largo, cada dos, sin que puedan continuar ni ser reelegidos sin especial licencia mía”.

En 1725, un destacado hecho tendrá lugar, al solicitar la Hermandad poder construir un altar en una esquina de la Capilla Mayor de la Parroquia para trasladar a ese sitio la Imagen del Señor, ya que según se menciona en el escrito: “por que la Imagen del Señor no tiene por falta de sitio capilla donde se le ofrezca el reverente debido culto, que desean que su Ilustrísima les conceda su licencia, para que en la esquina de un pilar del arco de la Capilla mayor de dicha Iglesia puedan labrar a su costa un altar y retablo, donde sea colocada dicha Santa Imagen con mayor decencia y veneración.”. (12) Las razones que motivaron a los hermanos de la Puente a buscar otra capilla, parece ser, como se desprende en una parte del escrito, radica en el poco espacio que les había quedado en el anterior altar, tras la ejecución y ampliación de la nueva capilla de las Ánimas.

En 1734 aprovechando las obras que se estaban realizando en la Parroquia, el Obispado autoriza con fecha de 31 de julio a la Hermandad para que lleve a cabo dentro de la propia Iglesia la construcción de una bóveda o cripta de enterramientos, cumpliendo así uno de sus fines, el dar cristiana sepultura a los hermanos difuntos. (13)

Se trata de la primera referencia encontrada que nos habla acerca del lugar o emplazamiento dentro de la Iglesia de San Juan donde la Hermandad daba sepultura a sus hermanos, pues hasta esa fecha es de suponer que la primitiva bóveda donde esta Corporación hacía sus inhumaciones era la de propiedad de la Cofradía matriz de la Columna, siendo a partir de la construcción de esta cuando la Hermandad dispone de bóveda propia.

Estas obras para la construcción de la mencionada bóveda, debieron ser de fabrica importante y prolongarse durante algún tiempo, pues del año 1735 queda constancia de apuntes anotados por la compra de cal, ladrillos y otros materiales, así como los jornales pagados y los carros que trasportaron los mismos y algunos refrescos que se dieron a estos trabajadores, importe de dicha obra que nos dice que ascendió a 615 reales de vellón, anotaciones que figuran registradas en el conocido como Libro de Cuentas de la Hermandad.

El Libro de Cuentas se trata de un documento de excepcional valor para la historia de esta Corporación, conservado hasta nuestros días, y que abarca el periodo de 1735 a 1784. Dicho Libro, conjuntamente con el otro de asentamiento de hermanos, que sin embargo, no ha llegado a nuestros días, constituía ser los dos libros que entonces preceptivamente y como ordenaban las Constituciones de 1724 por las que se regía la Hermandad, se habían de llevar para el gobierno de la misma; siendo este titulado “de cuentas” de suma importancia, en cuanto en el se detallan los ingresos, gastos, inventarios y memorias de cabildos de esos años, y que nos provee de abundantes datos sobre la vida, economía y patrimonio para reconstruir la historia de esta Hermandad en un periodo tan trascendente como es el siglo XVIII.

El mismo está fechado en 1735 siendo mayordomos Manuel Guerrero y Faustino Rubio, fiscal Bernardo Rodríguez y clavero Bartolomé Rodríguez, y que se inicia con la siguiente denominación: “Libro en que se han de llevar la cuenta por los mayordomos de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Puente de lo que se juntare de limosna y demás gastos”. (14) Este consta de unas 450 páginas, en hojas de pergamino escritas a dos caras y está cosido a mano.

Gracias a este Libro de Cuentas encontramos la primera referencia acerca del trono de Jesús de la Puente, por el cual la Hermandad en 1735 compra el trono a la hoy extinguida Hermandad de Jesús Nazareno titulado “El Pobre”, por la cantidad de 500 reales; de los cuales 200 fueron adelantados por dos hermanos y los 300 restantes se abonaron a dicha Hermandad al siguiente año. (15)

Este nuevo trono, por los datos que nos han llegado, respondía, a pesar de las restauraciones y mejoras que posteriormente se le hicieron, a un trono de mejor composición y ornamentación, cuya calificación más aceptable es que se trataba de un trono dorado y presumiblemente, como veremos, de dimensiones algo mayores.

Del anterior trono el único dato que tenemos es que al parecer como estorbaba en la Parroquia de San Juan, la Hermandad se deshizo de él llevándolo, por la cantidad de un real de vellón, al desaparecido en nuestros días Convento de Santa Clara. (16)

En 1750 el trono que se adquirió será completado con la inclusión de un grupo de angelitos y niños en sus esquinas y laterales, que fueron costeados los del frente del trono por los hermanos Francisco Gutiérrez, Bartolomé Rodríguez, Fernando de Montes y Francisco de Orejuela. No satisfecha la Hermandad con que el trono de su Imagen fuera de escasa vistosidad por su pobreza en el dorado, nuevamente, tres años después, es restaurado y dorado ascendiendo su coste a 1.653 reales de vellón y 17 maravedíes, para lo que comisionó al clavero Francisco Orejuela, para que “una vez terminado y recibido por la Cofradía se guardara en la casa de Orejuela, bajo tres llaves, y que nadie más que el susodicho pudiera enseñarlo durante el año a los que lo solicitasen ver por curiosidad”. (17)

Por el inventario realizado en el mismo año, y del que se da cuenta a continuación, podemos conocer aspectos que en el capítulo dedicado al siglo anterior nos estaba aún vetado, como era el número de hermanos que llevaban el susodicho trono; este nos dice que se trataba de diez correonistas, al aparecer registrados como elementos del mismo las diez almohadillas y las diez horquillas para su porte. También este tenía unas caídas, hoy llamados faldones que cubrían la parte inferior a los varales. Para su mejor conservación, y dado el gasto que la Hermandad había acometido en él, sabemos que este disponía de una funda que lo cubría o protegía.

Ese mismo año de 1750 con motivo de la toma de posesión de los nuevos mayordomos, se reunieron en la casa del clavero, Francisco Orejuela, los mayordomos salientes, Francisco Chacón y José Garrido, y los entrantes, Manuel del Sol y Pedro Padilla, para en cumplimiento de lo ordenado en las Constituciones y siguiendo la costumbre, realizar inventario de las pertenencias de la Hermandad: “Que los mayordomos Antiguos han de entregar a los Modernos, todos los bienes y alhajas de la Hermandad por inventario ante notario como es costumbre y si por algún asistente faltase alguna, se han de cobrar su valor de los mayordomos en cuyo poder parase”.

Dicho Inventario se trata de la primera relación expresa que llega a nuestros días de enseres que poseía la Hermandad; otro documento de enorme interés, en cuanto nos permite conocer el patrimonio de entonces y de forma indirecta conocer aspectos esenciales de la Hermandad. Este fue el inventario redactado el año 1750: “Primeramente, la imagen de Jesús en su capilla; una demanda de plata, dos cepos de latón con escudos de plata, dos de hoja de lata; un estandarte de tafetán morado con su cruz de plata con cordones de seda y su escudo; otros tres escudos, uno de hoja de lata y los otros dos pintados; un paño para la caja de terciopelo negro con sus fleques; una campanilla de metal, dos túnicas moradas para los niños; catorce escapularios, unas andas nuevas con su trono dorado, ocho ángeles, una vara de estandarte, la funda del trono, diez almohadillas, diez horquillas; la túnica de terciopelo con franja de plata, otra túnica de lo mismo, dos camisas de Jesús, tres potencias de plata, dos cabelleras, unos cordones de seda, tres pares de velos, seis candeleros, una vara de estandarte, dieciséis túnicas, dos frontales viejos, cinco libros, dos manuales, una romana, cinco arrobas de cera, un palio de tafetán doble morado, unas caídas, un bastón de palo plateado. En cuyos bienes y alhajas se dieron por entregados a los mayordomos que les sucedieren, y así lo dijeron y otorgaron y firmaron, siendo testigos Francisco Abendaño, Francisco Mirasol y Francisco Garrido, vecinos de esta ciudad. Rubrican. firman también el notario Pedro Padilla y Silvera”. (18)

En esta la mitad de esta centuria la Hermandad de la Puente va adquiriendo una notable importancia en el concierto cofradiero, ello nos lo confirma el mencionado Libro de Cuentas, por el que conocemos que en el año 1756 la Hermandad tenia como filial, o si se prefiere, a su cargo, a otra cofradía, la de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto, como así aparece registrados por algunos pagos realizados en ese año a los hermanos de esa Cofradía por la asistencia a la procesión.

De dicha Cofradía de la Oración en el Huerto sabemos que estaba establecida en el hoy extinguido convento franciscano de San Luís el Real, sin que podamos concretar el año exacto de su fundación, como asimismo la fecha y causas en las que quedó vinculada a la Hermandad de la Puente.

No obstante, es en ese mismo año se verifica como esa misma cofradía se reorganiza, adquiriendo nueva imagen “por ser antiquísimas la que poseían”, (19) deduciéndose por ello que su institución debió ser anterior. Como en otros casos similares, esta subsistió como hermandad de pasión pero vinculada a la Puente, pues en años posteriores siguieron figurando en el referido Libro de Cuentas las anotaciones por los pagos efectuados a dicha hermandad para su procesión; dependencia que muy probablemente se mantuvo hasta finales del siglo, pues tras haber quedado extinguida por unos años, en 1800 fue de nuevo reorganizada, esta vez, como hermandad independiente.

En el año 1760 la Hermandad acometerá una de las obras emblemáticas de esta antigua Hermandad, hay que referirse a la túnica bordada de procesión de Nuestro Padre Jesús de la Puente. Así pues, y considerando la Hermandad que la túnica que hasta entonces lucía el Señor desdecía ya; encargó a la bordadora María Teresa de Linde la confección y bordado en oro plata y sedas de una nueva túnica de terciopelo para el Señor, cuyo presupuesto total ascendió, incluyendo el terciopelo y la mano de obra de la bordadora, a 4.361 reales de vellón y 17 maravedíes, cantidad que fue abonada a la bordadora mientras se realizaba la túnica en distintos pagos a cuenta. (20)

Esta preciada túnica, aunque ya aparece registrada en el inventario de 1764 realizado por los mayordomos de la Hermandad, donde se nos da cuenta de que ya estaba casi a punto de ser terminada: “Una túnica de terciopelo bordado con hilillo de oro para Nuestro Padre Jesús cuando sale en procesión”, túnica que tardó en ejecutarse ocho años, siendo terminada en el año 1768.

La túnica, que constituye una de las señas de identidad de esta antigua corporación nazarena, se trata de la pieza de bordado malagueña más antigua que actualmente se conserva y procesiona, aunque como es lógico ha sido objeto de algunas restauraciones o pasados del bordado a nuevos terciopelos.

Otro dato a destacar es que en 1761 la imagen del Señor de la Puente fue sometida a una pequeña restauración, en la que se le retocó un dedo que estaba en desperfecto, así como la colocación de nuevas pestañas todo ello por un importe de siete reales. (21)

En ese mismo año, otra vez, la Hermandad solicitó permiso al Obispado para trasladar la imagen del Señor a otra capilla, en este caso, para realizar una permuta, por la que cambió su capilla que tenía en el Altar Mayor y ocupar el altar de San José, y la imagen de San José ocupar y trasladarse a la de la Puente. (22)

Pero dicho emplazamiento no fue por mucho tiempo, posteriormente, en años inmediatos, sin que hallamos podido precisar la fecha exacta, abandonará este altar para desplazarse a una nueva capilla levantada en la nave izquierda, ubicación que ha ocupado en la Iglesia hasta nuestro días. Dicha capilla sufrirá la primera importante obra en 1768 con la reconstrucción de una bóveda nueva, teniendo que rehacer toda esta de ladrillería, que según queda constancia su importe alcanzó los 700 reales. (23)

Del poderío y bonanza económica por el que pasaba la Hermandad por aquellos años no existe duda, pues a pesar de los importantes estrenos y reformas que se habían llevado a cabo, en 1772 se hace cargo también de otra Hermandad, la de Nuestro Padre Jesús a su entrada en Jerusalén, conocida popularmente como “La Polliníca”. Esta cofradía que tenía su sede en el Convento del Cister dependía en esos años de la Hermandad de la Oración en el Huerto, cofradía esta última que como hemos apuntado antes, también estaba bajo la protección de la Puente.

De este cambio de titularidad hay constancia en un documento que se encuentran en el Archivo de la Hermandad compuesto por cuatro epígrafes: “memorial, auto, informe y cabildo”, y por el que ante el Provisor mayor del Juzgado de Testamentos y Obras Pías del Obispado, el Hermano Mayor, Francisco Abendaño y el clavero Miguel García, en nombre de la Hermandad de la Puente, solicitaban en el citado Memorial, que les fuese concedido permiso y licencia para que se admitiese dentro de esta Hermandad a la cofradía de la Polliníca a la que se comprometía a seguir sacándola en procesión. Asimismo, en ese Memorial se afirmaba que se había abonado, sin especificar cantidad alguna a la Hermandad de la Oración en el Huerto por los derechos de cesión de esta cofradía.

El presente auto y acuerdo fue ratificado por el Cabildo de la Hermandad el día 7 de junio de 1772, para lo cual se reunieron los hermanos de la Puente en la sacristía de la Capilla dando su conformidad y consentimiento, siendo a partir de esa fecha cuando la Cofradía de la Polliníca pasó a depender de la Hermandad de la Puente, pero con las mismas prerrogativas y privilegios que tenían cuando dependían de la Hermandad de la Oración en el Huerto. (24)

La adhesión o agregación bajo la protección de Hermandad de la Puente de las hermandades, primeramente, de la Oración en el Huerto, y luego de la Polliníca, nos indica el momento álgido por el que atravesaba en esta centuria la Hermandad, pasando ser en el siglo anterior de una hermandad filial a una cofradía matriz capaz de hacerse cargo de otras, un dato, sin duda, revelador del periodo de bonanza e importancia que asumió en el concierto cofrade malagueño la Hermandad, teniendo en cuenta que en esta centuria, la del dieciocho, la existencia de cofradías matrices que asuman a otras filiales ya no tienen lugar, sino por contra, se extinguen algunas de esas filiales o las que estuvieron como tales, figuran ya como corporaciones independientes o con vida propia.

Por el mencionado Libro de Cuentas, en 1773 aparecen unos apuntes que dan la primera reseña sobre los sayones que acompañan a Jesús de la Puente, no siendo estos de imaginería sino vivientes. Como se desprende de los pagos efectuados “a los que hicieron de judío y romano acompañando al Cristo durante la procesión” (25) de lo que se deduce que durante todo este tiempo, la Imagen del Señor de la Puente iba solo en el trono acompañado (delante de este) por figurantes de sayones, costumbre que perduraría hasta entrado el siglo XIX. Estos personajes, nunca bien vistos por las autoridades eclesiásticas, eran normalmente personas a sueldo que iban ataviados con trajes de judíos, como se desprende del arqueo realizado ese año, que dice: “Y procedo a formar cuenta a Francisco de Paula Abendaño, como encargado para hacer las ropillas de los que salen de sayones, que salieron en la procesión de esta Semana Santa con aplauso de todos los que los vieron por la propiedad de dichos vestidos, los que quedan por más bienes de esta Hermandad”, vestimentas o atuendos cuyo coste total, 153 reales, fue sufragado entre los hermanos correonistas, que pusieron 100 reales; por los que llevaban el palio de respeto, que dieron 23; y por Juan Swert, patrono (benefactor) que era de esta Hermandad, quien libró de su peculio 30 reales.

En 1776 fue restaurada la Capilla con el dorado del retablo de la misma, obra que ascendió a la notable cifra de 2.500 reales de vellón, concluyéndose estas mejoras efectuadas en la Capilla con la colocación, dos años después, 1778, de una verja de hierro que costo 700 reales. (26)

Al llegar al último tercio de esta centuria, el contexto posibilista que muchas hermandades, entre ellas la de la Puente, estaban viviendo, se complicara. Durante este periodo histórico los distintos “gobiernos ilustrados” promulgaron una serie de disposiciones legales, de corte reformista, pero que con un cierto acento anticlerical, tratarán de limitar el que veían como excesivo poder de la Iglesia sobre la sociedad. En lo que concierne a las hermandades y cofradías, consideradas como encarnación de formas “arcaicas” de devoción, asistirán a una nueva época donde la salvaguardia y prerrogativas que habían disfrutado durante el reinado de los Austrias van a verse mermadas con una serie de leyes que les perturbaran notablemente.

Dos de ellas serán significativas: Así, en 1781, es dictada la Real Orden por la que se prohibían los enterramientos dentro de los templos y alrededores (27), pudiendo acoger a partir de entonces solo las cenizas de sus hermanos una vez exhumado el cadáver del cementerio, transcurridos unos años, conduciéndose los restos al templo, medida, que con el tiempo condicionará a la Hermandad a la construcción del cementerio de San Miguel de un panteón para enterrar a sus hermanos; ello en el primer tercio del siglo XIX.

Pero quizás la que resultó más nociva fue la Real Pragmática de 1783 sobre abolición y revisión de hermandades de pasión y otras asociaciones piadosas (28), que entraría en vigor mediante su publicación como Real Orden en 1786, y con la que el gobierno ilustrado de Carlos III encontrará el pretexto para controlar y reducir el número de cofradías, y por la cual todas las corporaciones erigidas que no fueran sacramentales y que en esa fecha no gozasen de la aprobación Real de sus estatutos, deberían bien: ser abolidas destinando todos sus bienes para el socorro de los pobres o unirse a una hermandad sacramental o de animas de la Parroquia a la que pertenecieran. Asimismo, se decretaba la obligación de todas las hermandades y cofradías de pasión a redactar nuevas constituciones o estatutos que a su vez debían presentar al Supremo Consejo de Castilla para su sanción. En caso contrario, transcurrido el plazo reglamentario, se les comunicaba el embargo de todos sus bienes y la suspensión de todas sus actividades hasta no recibir la aprobación; medidas que en su trasfondo lo que anhelaban eran transformar a las hermandades en meros montepíos fiscalizados por el Estado.

Ello originó durante muchos años hasta entrado el siglo XIX continuos pleitos y apelaciones que las distintas hermandades tuvieron que salvar para ver reconocidos su situación, ante lo que muchas quedaron extinguidas, y otras, obligadas a unirse a hermandades sacramentales.

En lo que atañe a la Hermandad de la Puente, es de suponer que pudo salvar este obstáculo legal, pues a pesar de no haberse hallado nada al respecto, sabemos por documentos posteriores, que la vida de la misma prosiguió y no se vio ni interrumpida, ni extinguida.

Todas estas disposiciones a la que se vieron sometidas las hermandades durante este último tercio del siglo por parte de los gobiernos “ilustrados”, pusieron en graves aprietos la existencia de las cofradías. Basta solo decir que de las 67 cofradías de pasión censadas en la ciudad antes de que estas medidas fueran promulgadas, a finales de siglo decreció hasta quedar en número de 35.

CRÉDITOS
“BREVE HISTORIA DE LA HERMANDAD”
Extracto sobre estudio histórico realizado por Diego Hermoso Ruiz-Vázquez

FUENTES DOCUMENTALES
(9) – A.H.P.M.: Escribanía de Cristobal Martín de Castilla, fol. 607. Año 1703.
(10) – A.H.P.M.: Escribanía de Alonso García Villafuente, fols. 336-345. Año 1705.
(11) – A.H.P.: Constituciones de 1723 y auto de aprobación de las Constituciones por el Obispo Diego de Toro y Villalobos, 24 de marzo de 1724.
(12) – A.H.P.: Solicitud formulada al Obispado por la Hermandad para la construcción de un altar en la Capilla mayor de la Iglesia, leg. 11 de junio de 1725.
(13) – A.H.P.: Solicitud dirigida por la Hermandad al Obispado para la construcción de una bóveda de enterramientos en el subsuelo de la Iglesia, leg. 30 de julio de 1734.
(14) – A.M.M.: Libro en que se han de llevar la cuenta por los mayordomos de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Puente de lo que se juntare de limosna y demás gastos, 1735-1789. s/c. Véase también, LLORDEN, A. y SOUVIRON, S.: Historia documental de las Cofradías y Hermandades de Pasión de la ciudad de Málaga, Ed. Ayuntamiento, Málaga, 1969. p. 443.
(15) – A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(16) – A.M.M.: Idem.
(17) – A.M.M.: Idem.
(18) – A.M.M.: Idem. Inventario de bienes realizado con motivo del cambio de mayordomos, año 1750.
(19) – A.M.M.: Décadas Malagueñas. Años 1756 y 1757.
(20) – A.M.M.: Idem., pagos efectuados a la bordadora Teresa de Linde por la ejecucción de la túnica para el Cristo, 1760-1768.
(21) – A.M.M.: Idem.
(22) – A.H.P.: Solicitud de la Hermandad dirigida al Obispado para la obtención de la licencia para permutar el altar en la Iglesia por el de San José, leg. 20 de febrero de 1761 y auto de concesión por el Provisor General del Obispado concediendo a la Hermandad el cambio y permuta de altares solicitados, leg. 21 de feberero de 1761.
(23) – A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(24) – A.H.P.: “Cabildo”; Acuerdo de ratificación por este órgano de gobierno de la Hermandad por el que se aprueba hacerse cargo de dicha Cofradía de la Pollinía. Ms. del 7 de junio de 1772, leg. 6-8.
(25) – A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(26) – A.M.M.: Idem.
(27) – Real Cedula de Carlos III sobre prohibición de efectuar enterramientos en el interior de los templos. Año 1781. (Libro 1º, ley 1º, título III de la Movilísima Recopilación de las Leyes de España…, mandada formar por el Señor Don Carlos IV (6 vols.), Imp. Real, Madrid, 1805).
(28) – Real Pragmática de Carlos III sobre abolición y revisión de hermandades de pasión y otras asociaciones piadosas: “Resolu-ción de S. M. a consulta del Consejo de veinticinco de junio de mil setecientos ochenta y tres, sobre reforma, extinción y respectivo arreglo de las Cofradías en las Provincias y Diócesis del Reino. Año 1786. En Madrid. En la Imprenta de Don Pedro Marín”. (Libro 9º, ley 6º, título II de la Novilísima Recopilación de las Leyes de España…, op. cit.).

Siglo XIX

Avatares del siglo

Esta etapa de prodigalidad y bonanza se verá frenada con la llegada del siglo XIX, que en general supone una de las etapas históricas más inestables para la Hermandad, que harán que su actividad e importancia decrezca. Los continuos conflictos políticos-sociales que atravesará la ciudad, serán protagonista de este siglo, haciendo que muchas cofradías desaparezcan y las que sobrevivan se limiten al culto interno restringiendo sus salidas procesionales.

En esta primera mitad del siglo, casi toda seguridad el acontecimiento que más impacto causó sobre la Hermandad, fue el que supuso la invasión napoleónica de España, que en Málaga se produjo, no con cierta resistencia en vano, en la tarde del 5 de febrero de 1810 en la que las tropas francesas entraron llenas de ira y venganza tomando horribles represalias. Durante el periodo de ocupación, las iglesias fueron saqueadas y el patrimonio eclesiástico-cofrade expoliado. La consecuencia más importante para la Cofradía de esta ocupación fue la desaparición de la primitiva imagen del Señor de la Puente, de la que nada sabe.

Con la retirada de los franceses el 28 de agosto de 1812, la Hermandad como primera tarea, encomienda al escultor malagueño Salvador Gutiérrez de León “El Viejo”, la talla de una nueva imagen del Señor, así también como novedad la talla de un sayón y de un romano, que configuran el paso de misterio que iría en el trono y que sustituyeron definitivamente a los personajes vivientes. La fecha exacta de su ejecución se desconoce, pero debió ser entre 1812 (año que finalizó la ocupación de la ciudad) y 1815, año este último, en que se realizó la Placa de Mayordomía de 1815, y en la ya que aparece representado el grupo escultórico.

Esta nueva talla del Señor fue realizada en 1812 por el escultor malagueño Salvador Gutiérrez de León, que vino a sustituir a la anterior que fue perdida durante la invasión francesa. La Hermandad también le hizo al artista, el encargo de la ejecución de otras dos esculturas de “sayón y romano” que acompañarían al Señor, por primera vez en el trono.

En la fotografía la Imagen viste la magnífica túnica de terciopelo bordada en oro, plata y sedas, realizada en el año 1768 por la  bordadora  malagueña
Mª. Teresa de la Linde.

Esta Placa de Mayordomía, se trata de una pieza de forma ovalada labrada en plata cincelada y repujada, y en la que se puede leer la siguiente inscripción: “Se hizo siendo Mayordomos Don José del Pino y Don Tomás Ruiz. Año 1815”. La placa es una insignia procesional que era costumbre que fuese llevada en la procesión por el Hermano Mayor a modo de escapulario. Actualmente la Hermandad conserva dos placas, una la citada de 1815 y otra de metales menos nobles, fechada en 1843, ambas procesionadas en la actualidad. En dichas placas esta labrada la imagen del Señor sobre un puente escoltado por un sayón que tira de él con una cuerda y la de un romano que con la mano levantada le azota con un látigo y que retrata con gran veracidad al grupo escultórico que realizó Gutiérrez de León y en la que se puede apreciar en la mejilla del rostro del sayón la verruga que el escultor quiso colocar bien visible sobre la figura, y que el pueblo popularmente desde entonces lo denomina “El Berruguita”, escrito con “b” del castellano antiguo.

A pesar de la escasez de noticias en esos años, en 1822, siendo Hermano Mayor Felipe Vega, la Hermandad, cumpliendo las normativas prohibitorias de efectuar enterramientos en lugares sacros, adquiere en el nuevo cementerio de San Miguel, aun no terminado este en esas fechas, pues no fue inaugurado hasta 1829, unos terrenos para poder seguir dando enterramientos a los hermanos difuntos. En dichos terrenos se construyeron doce nichos y un panteón que fueron obrados por cuenta de la Hermandad en la calle de Santa Ana del primer cuadro (primer patio) del mencionado campo santo (29). Posteriormente, con el objetivo de poder igualar la edificación con las demás, sobre estos doce nichos se obraron cuatro más a costa del Ayuntamiento, con lo que se completaban a un total de 16, cuyos números constaban inscritos desde el 1.633 al 1.648 inclusive. (30)

No obstante, aunque a partir de entonces será este emplazamiento el nuevo lugar donde se realicen las inhumaciones de los hermanos, la Hermandad no cerrará la antigua bóveda o cripta que poseía en el subsuelo de la Capilla, ya que en esta se seguirán depositando los restos de los difuntos que se encontraban en los nichos del panteón del cementerio tras su exhumación. Hay que aclarar que, el panteón no disponía todavía de osario, por lo que para garantizar la entrada de nuevos difuntos en los nichos (dado que el panteón solo disponía de dieciséis), y evitar que estos estuviesen siempre ocupados estaba establecido que, transcurrido el plazo medio de dos años del enterramiento de un sepultado, se le hiciera al mismo la exhumación, sacándose del nicho los restos, siendo trasladados a la bóveda que tenía la Hermandad en la Iglesia de San Juan donde finalmente eran depositados, práctica que se seguirá manteniendo hasta pasado la mitad de esta centuria.

Por razones que se desconoce, entre 1831 y 1839, la Hermandad languideció sin que a ciencia cierta sepamos las causas. Se ha afirmado en algunas publicaciones que la desaparición de la Hermandad en estos años se debió a la Ley de Desamortización de Mendizábal, también popularmente conocida como la “exclaustración”. Se trata de algo sin fundamento, pues aunque coincide en el mismo periodo, la desamortización en Málaga afectó únicamente a las cofradías que se encontraban radicadas en conventos o capillas regidas por órdenes religiosas, cuyos solares fueron incautados y subastados, en ningún caso, se conoce que afectara a las cofradías radicadas en Parroquias, como la de San Juan, sede donde esta Corporación estaba erigida canónicamente, y que muy al contrario, se vio ampliada con las cofradías que fueron desalojadas de los conventos desamortizados, como las de Azotes y Columna del convento de San Luís El Real y la del Rescate del Conventico de los Trinitarios Descalzos.

Posiblemente entre las razones que motivaron esta etapa de inexistencia podrían estar las continuas convulsiones políticas que tuvieron lugar tras la muerte del rey Fernando VII y la finalización del régimen absolutista y la proclamación como reina de Isabel II y entrada en el poder de los liberales, hecho que desató una guerra civil (guerra carlista) en toda España y que en Málaga se vivirá esta etapa en un clima de insurrección que tuvieron sumida a la ciudad.

Este breve paréntesis producido lo corrobora un escrito fechado el 2 de Enero de 1839, por el que un grupo de devotos y antiguos hermanos solicitan al Gobernador Provisor del Obispado de Málaga permiso para la reorganización de la Hermandad, (31) autorización que se confirma justo al año siguiente, celebrándose Cabildo de Elecciones el 26 de Enero de 1840 con el cual se reorganiza de nuevo la Corporación, celebrándose Cabildo de Elecciones el 26 de enero de 1840 en la que quedó constituida la Junta de Gobierno, resultando electo Hermano Mayor, Antonio de Vivar. (32) Como primer acuerdo, en cumplimiento de lo dispuesto por el Provisor del Obispado, se procedió a redactar nuevos Estatutos que fueron aprobados por la autoridad eclesiástica el 15 de mayo de 1840. (33)

En lo concerniente al gobierno de la Hermandad, una de los aspectos más notables de dichos Estatutos, será la no obligación de renovar cada año los principales cargos, otorgando la posibilidad de ser reelegidos cuantas veces sea necesario. Sin embargo, desde 1840 hasta el final del siglo, se prodigarán hermanos mayores y juntas de gobiernos con mandatos muy cortos en el que se sucederán en el desempeño del cargo 19 hermanos mayores, algunos, como los casos de Celestino Candela Lago, Enrique Bada y Reina, Francisco de Segalerva Linares, Juan Millán Ponce y Manuel de Valle Tosca, lo fueron en distintos periodos, hasta en dos y tres ocasiones. (34)

El otro de los cambios más destacables que presentan esos Estatutos de 1840, es el referido precisamente al día de salida, fijándose el Jueves Santo por la tarde, haciendo la Estación Penitencial en la Santa Iglesia Catedral.

Hay que recordar, como hemos mencionado en otros capítulos, que hasta esta fecha la Cofradía hacía su salida procesional el Miércoles Santo, junto con las demás hermandades radicadas en la Parroquia. Esta tradición de salir en un mismo cortejo procesional junto con otras cofradías, se seguirá conservando durante este siglo, aunque en más de una ocasión, por la imposibilidad hacerlo las otras cofradías, la Puente, como podremos comprobar, lo hará sola.

No obstante, los mismos Estatutos no condicionaban a realizar la procesión penitencial, estableciendo que esta se llevará a cabo siempre que se dispongan de los fondos necesarios: “El Jueves Santo por la tarde hará estación esta Hermandad de Ntro. P. Jesús a la Santa Iglesia Catedral habiendo tomado la Junta de Gobierno con anticipación todas las medidas y disposiciones necesarias, a fin de que no perjudiquen los fondos de dicha Hermandad, y no habiendo fondos suficientes del que es necesario para hacer la procesión, se sacará a Ntro. Padre Jesús de su Camarín y se colocará delante de su Capilla con la posible magnificencia, cuando para ello de los fondos que haya para Jesús ningún fondo haya reservado”. Como así ocurrirá en muchos años, cuando por razones de índole económico o cuando se sumaban las que imposibilitaban por la situación política que lo desaconsejaban, durante los días de Semana Santa, la imagen del Señor de la Puente, era vestido con las mayores galas y la capilla se adornaba y decoraba con el mayor lujo posible, asistiendo los hermanos y gran número de fieles, siendo esto una tradición habitual entre los malagueños el ir a los templos para visitar los monumentos y las imágenes de las cofradías cuando estas, por distintas razones, no podían efectuar la salida procesional.

Una particularidad a destacar de esta nueva etapa, será la mayor prodigalidad de noticias sobre los cultos internos y la procesión, frente a la ausencia absoluta que hasta esa fecha habíamos tenido.

Las primeras noticias que tenemos sobre las salidas procesionales efectuadas en Semana Santa por la Cofradía en este siglo nos la facilita el 22 de marzo de 1849 el diario El Avisador Malagueño con el siguiente anuncio: “Corre el rumor de que en la próxima Semana Santa habrá procesiones. Según tenemos entendido, la Hermandad de Ntro. P. Jesús de la Puente, en Cabildo celebrado el lunes 19, ha determinado sacar a esta efigie (imagen), que se venera en la Parroquia de San Juan, y es probable que sigan su ejemplo otras hermandades de la misma Parroquia y de otras iglesias./. Celebraremos que así sea; con tanto más motivo, cuanto que hace algunos años ha caído en desuso tan piadosa costumbre, y lo contrario indica no hallarse la fe totalmente apagada. Creemos que no se ofrecen mayores dificultades por parte de las dignas autoridades civil y eclesiástica” (36) La noticia, aunque breve, nos arroja una información de gran interés para saber cual era el paisaje procesionista en la ciudad, dejándonos entrever que desde hace algunos años, sin precisar desde cuando, no se realizaban procesiones en Semana Santa. Es importante este dato para determinar que durante estos años las cofradías no salieron. De todas formas, no podemos descartar la posibilidad que entre 1840 y 1949 la cofradía saliera algunos años a la calle, pues de 1843 es la otra Placa de Mayordomía, una insignia procesional realizada precisamente para tal motivo. La Placa de mayordomía es el único testimonio iconográfico que nos ha quedado de esta época, se trata al igual que la realizada en 1815 de una pieza de orfebrería de forma ovalada labrada en plata cincelada y repujada, donde esta representado el grupo escultórico del Señor y en la que consta la siguiente inscripción: “Esta se hizo en 26 de marzo del 1843 siendo hermano en propiedad y a su costa D. Francisco Troyano”.

Pero será la Semana Santa de 1858 la que marcará el inicio del acrecentamiento de cofradías que procesionan a sus imágenes, entre ellas, la propia hermandad de la Puente, que después de siete años sin hacerlo, decide salir como antiguamente acostumbraba junto a las otras hermandades de la Parroquia formando una sola procesión: “Las procesiones que en la noche del Jueves Santo saldrán de la Parroquia de San Juan, la compondrán las siguientes hermandades: de Ntro. Sr. de la Puente, de Jesús Nazareno, de la Exaltación y de Ntra. Sra. de los Dolores”.(37) En relación a esta procesión que iba a salir de San Juan el mismo Jueves Santo, la prensa publicaba una curiosa noticia “Se nos ha dicho que anteanoche (el Martes Santo) se trató por algunos hermanos del Sr. de la Puente, y otras personas, de ver como sacar en la procesión que a las seis de la tarde debe salir de la Parroquia de San Juan; la efigie del Señor, vulgarmente conocido por de la Polliníca, que se venera en la iglesia del Cister. Creemos que no recayó acuerdo alguno; y suponemos que la idea no se realizará. Si algún año se piensa en sacar a la expresada efigie debe ser el Domingo de Ramos”. (38)

Como se recordará la cofradía de la Polliníca desde 1772 se encontraba bajo la dependencia de la Puente, llevando, según afirma Llordén-Souvirón, desde 1831 sin ser procesiónada. Al languidecer en esa década la hermandad de la Puente, seguramente esta cofradía corrió la misma suerte. Tras la reorganización de la hermandad de la Puente, y durante la década de los cincuenta se realizaron algunos intentos para procesionarla, como el de este año, pero como nos comenta la prensa, sin precisar las razones, no fue posible, no haciéndolo ya en toda esta segunda mitad del siglo XIX.

A partir de ese año y durante la década de los sesenta de ese siglo la cofradía no dejará ya de efectuar la salida procesional, haciéndolo siempre acompañada de las otras tres cofradías de la Parroquia: la de la Exaltación, Jesús Nazareno y los Dolores. Conviene especificar, que el recorrido procesional utilizado por la cofradía en estos años seguía teniendo una similitud al llevado a cabo en siglos pasados, en cuanto se continuaba manteniendo en este la tradicional Estación de Penitencia en la Catedral; que se efectuaba normalmente por la puerta conocida como de las “cadenas”, aunque en algunos años la cofradía usando un privilegio otorgado por el Cabildo Catedralicio, acedía al templo, impensable hoy en día, por la puerta de la Encarnación (fachada principal de la Catedral que da a la plaza del Obispo).

En otro orden de cosas, como es comprensible, la vida de la Hermandad no solo se circunscribía a la procesión. En estos años nos llegan noticias sobre la celebración de algunos cultos internos, como el celebrado el 6 de agosto de 1851: “La cofradía de N. P. J. de la Puente, que se venera en la iglesia Parroquial de S. Juan, celebra hoy domingo la misa cantada que previenen sus Estatutos, a las nueve y media de la mañana. Se hace presente a todos sus cofrades y demás personas que quieran concurrir a dicha Parroquia”. (39) Desde tiempo inmemorial, el 6 de agosto, fecha en que nuestra Iglesia conmemora la Transfiguración del Señor, era el día en que la Hermandad celebraba la festividad del Señor de la Puente, con la llamada Función de Estatutos. Esta función religiosa se trataba, al igual que hoy, del principal acto de culto interno de la Corporación, debiéndose celebrar con la máxima solemnidad posible.

Precisamente, en el año de 1861, la Junta de Gobierno que presidía como Hermano Mayor Luís José Navarro, emprendió la restauración de la Capilla, obra que se consideraba de “extrema necesidad”, deduciéndose que no se había llevado a cabo desde el siglo anterior. Dicha restauración consistió en una obra considerable, a tenor de la contratación de los trabajos realizados: albañilería, enlozado, pintura, blanqueo y carpintería, además de complementarla con la adquisición de una lámpara y una estera. (40)

En la segunda mitad del siglo XIX tendrán lugar dos acontecimientos muy significativos para el futuro de esta Institución. En 1865 se redactan y aprueban los nuevos Estatutos, que a su vez, también, como requisito previo, fueron aprobados por la autoridad eclesiástica el 18 de diciembre de ese mismo año e igualmente sancionados por la Reina Isabel II el 9 de mayo de 1866. (41) Las nuevas reglas se presentan como una reforma ampliada de los anteriores Estatutos, mejorándolos y actualizándolos a las necesidades de la Hermandad, siendo estos los Estatutos por los que se regirá la Hermandad, sorprendentemente, hasta 1982.

El otro importante acontecimiento que asocia a la redacción de nuevos Estatutos es el que se produce en 1866, cuando por Real Orden del 31 de octubre, la Reina Isabel II, concede a la Cofradía el Título de “Real Hermandad” con el privilegio de usar los símbolos de la realeza, figurando a partir de entonces en el emblema de la Corporación, la Corona y el Escudo Real.

En lo tocante al gobierno de la Hermandad, estos Estatutos configuran una estructura más moderna, que con pequeñas variantes, se ha mantenido hasta nuestros días. La novedad más destacable será la ampliación del número de oficiales que compondrán la Junta de Gobierno, y la aparición en este nuevo organigrama de nuevo cargos: como el del Teniente de Hermano mayor, que como segundo de abordo, tendrá el cometido de sustituir al Hermano mayor y que reemplazará la antiguo figura del mayordomo; el del Tesorero, que se encargará de custodiar en su poder los fondos en efectivos y, el del Contador que tendrá el cometido de controlar y anotar los recibos de luminarias, patentes de entrada y cualquier otra cantidad que se ingrese, así como los libramientos que se expidan.

En este organigrama desaparece la figura del sacristán, persona que tenía a su cargo el cuidado del adorno y culto de la Imagen, capilla y sacristía y que ahora será asumido por uno de los dos Albaceas, el otro, continuará llevando todo lo relativo a la administración del Viático, los entierros y exequias. De este modo la Junta de Gobierno quedaba configurada con los siguientes cargos: Hermano Mayor, Teniente de Hermano Mayor, Tesorero, Contador, Secretario, dos fiscales y cuatro vocales, los que se elegían por un periodo de un año, pudiendo seguir siendo reelegidos sin límite de tiempo por los hermanos reunidos en Cabildo, denominado este de presentación de cuentas y elecciones, que debía celebrarse en uno de los domingos del mes de mayo; tras el cual, tenía lugar el de aprobación de cuentas y de toma de posesión, este al domingo siguiente al cabildo de elecciones.

En lo que se refiere al culto externo cofrade por antonomasia, la procesión, los Estatutos de 1865 abordan este asunto de forma más amplia, arrojando una detallada información sobre aspectos de la misma. Entre las novedades, los más llamativo de estos es que establecen la posibilidad de poder efectuar la procesión también el Viernes Santo: “se fijará el día de salida que será el Jueves ó Viernes Santo, saliendo a las seis de la tarde” (42), como así sucedió en los años 1865 y 1867.

Entre los últimos meses del año 1866 y los dos primeros de 1867, la Junta de Gobierno presidida por Celestino Candela Lago acomete la restauración en el antiguo panteón de la Hermandad. Obras que, conociendo su coste, 9.243,25 reales de vellón, fueron de relevada importancia y que gracias a la generosidad del reconocido malagueño y hermano de cofradía, Excmo. Sr. D. Jorge Loring Oyarzabal, pudieron llevarse a cabo. (43)

El año 1868 no será un año más. Por desgracia, como podremos advertir, el acontecer de la Hermandad se verá de nuevo perjudicado por el contexto político. La agitación social existente entremezclada con los deseos de cambios serán las claves de este nuevo periodo. Y como termómetro de ese clima social algo enrarecido lo representará la Semana Santa de ese año, que se verá caracterizada por la reducción en el número de cofradías que decidirán salir a la calle. Si el año anterior posesionaron 11 cofradías, esa Semana Santa tan solo lo harán 5, entre ellas, la Puente. (44) Así pues, y a pesar de estas adversidades, el Jueves Santo de 1868 el Cristo de la Puente hizo su salida procesional realizando su acostumbrado itinerario.

A raíz de esa procesión de ese año, la leyenda cuenta que la larga duración del cortejo hizo que el pueblo malagueño lo bautizara con el apodo de “El Callejero”, dando a entender que ni las más malas situaciones podían hacer que se quedase dentro de la Iglesia, ni amedrentar a sus hermanos para sacar en procesión a la Sagrada Imagen, así lo relata el erudito historiador local Narciso Díaz de Escobar: “En el año 1868, en tiempos de revolución en que el ateismo era gala y la demagogia pauta general, los hermanos del Cristo de la Puente, tuvieron un gesto de noble altivez, sacando a la calle a su procesión. Y era tal la popularidad de la sagrada efigie que todo el pueblo de Málaga asistió al acto religioso y los que no fueron a él se mantuvieron dentro de la más exquisita corrección”. (45)

Lo cierto es, que esta leyenda que dio lugar a que el Cristo de la Puente se le denominara con el apodo del “El Callejero”, es matizable, porque el pronunciamiento revolucionario que destronó a la Reina Isabel II no tuvo lugar hasta septiembre de ese año 1868, y por tanto, aunque en esa Semana Santa el ambiente estaba enrarecido, no hubo agitación política alguna; y en segundo lugar, porque no fue la única cofradía que optó salir a la calle. El mismo Jueves Santo lo hicieron tres cofradías: la del Rico, que salió de Santiago para liberar al preso; la de la Misericordia del Carmen; y la de la Puente. (46) Si a ello le unimos que a partir de entonces la Hermandad de la Puente no volvería a “salir a la calle” hasta 1875, coincidiendo con la casi total ausencia de procesiones, pues la única que lo haría será la de la Soledad de Santo Domingo, podremos comprender esa carencia de fundamento histórico con la que narra la leyenda.

Lo que si tiene razón de ser en esa leyenda popular, es que el pueblo, siempre buen fedatario de los acontecimientos, quiso denominarlo así por algunos de los motivos anteriormente expuestos: el hecho de que la cofradía tuviese que salir ese año sin el acompañamiento de las demás hermandades de la Parroquia; que hiciera completo su recorrido procesional, incluida la Estación de Penitencia en la Iglesia Catedral, (esta última solo realizada por la Puente y la Soledad de Sto. Domingo); y que permaneciese en la calle hasta altas horas de la noche. Razones que dieron lugar a que el pueblo lo bautizara con ese afectivo apodo, reconociendo con ello, una vez más, algo que caracterizaba a esta Hermandad, el de haber sido durante ese siglo la cofradía que más veces procesionó.

Con el destrone el 28 de septiembre de 1868 de la Reina Isabel II, el país, y de forma más radical Málaga, vivirán un periodo de desordenes y de crispación social de diversa índole que se extenderá durante los meses posteriores. La abdicación del Rey Amadeo de Saboya y la proclamación de la I República, el 11 de febrero de 1873, agudizarán aún más la delicada situación política. La República será recibida en la ciudad con algaradas, desordenes y disturbios de todo tipo.

Llegada la restauración el 5 de febrero de 1875 de la monarquía en la persona del Rey Alfonso XII, dará comienzo al periodo que precisamente se denominó como el de “La Restauración”, y con este, la normalización de la vida política de la nación y por ende, la de la Hermandad, que se traducirá principalmente en el restablecimiento de las salidas procesionales.

De este modo, el Jueves Santo de 1875, a pesar de las inclemencias del tiempo, la Cofradía volvió a realizar su salida procesional, procesión que constituyó ser la única que se llevó a cabo en esa Semana Santa. (47)

El año siguiente, el de 1876, también será recordado no solo en los anales de esta Hermandad, sino en los de la Semana Santa malagueña, por ser esta la última vez que se tienen noticias probada de la entrada de una cofradía en la Santa Iglesia Catedral para hacer la tradicional Estación de Penitencia. De dicho acto existen noticias en la documentación capitular del Archivo Catedralicio, en la que queda registrada la licencia concedida por el obispo D. Esteban José Pérez a la Hermandad para hacer su entrada en la Catedral el Jueves Santo de 1876. Será a partir de entonces cuando verificamos que desaparecerá del itinerario procesional de esta Corporación esa muy antigua costumbre (48)

En todos estos años, y con la excepción de 1880, hasta 1885 la Cofradía no dejará de hacer su procesión. (49)

En 1882, bajo el mandato de Francisco Segalerva Linares, se acometen dos reformas de importancia: La restauración de la Capilla, que después de meses de obras, era abierta al culto la Capilla en la Semana Santa de 1883, la cual presentaba un aspecto renovado. En la misma figuraba un nuevo retablo, calificado entonces como de “elegante y serio” que reemplazaba al antiguo reformado en 1776; así como la restauración del camarín y, como estaba presupuestado, la desaparición de la misma del altar de San Nicolás, este cerrado por su tabique izquierdo, con lo que la Hermandad, desde entonces, no tendría que compartir Capilla con otra Imagen. Completaban estas obras, con una nueva verja de hierro que sustituía a la anterior. Además de todas estas reformas llevadas a cabo en la Capilla, se hicieron obras de embellecimiento y mejora en otras dependencias de la Corporación como la sacristía y el sótano. (50)

El otro gran proyecto que se acometería fue el de la realización de un nuevo panteón, consiente este en la compra por la Hermandad de dos solares en el tercer cuadro y jardín número tres del cementerio de San Miguel. Construcción que fue conclusa el 27 de mayo de 1883. (51)

El nuevo panteón nada tenía que ver con el antiguo, este era de dimensiones mucho mayores, cuya descripción queda reflejada en la escritura notarial redactada por Miguel Molina Terán: “La fábrica del expresado enterramiento que es de mampostería de ladrillo en limpio y cantería de mármol con una verja de hierro por encima todo alrededor, se compone de una bóveda o subterráneo que contiene setenta y dos nichos de punta en orden de seis cuadros, por doce encadenadas, con destino a inhumación de cadáveres de adultos, conteniendo además su correspondiente osario para depósito de restos y dos puertas para bajar al mismo, cerrando dichas puertas dos cancelas de hierro”. (52) El coste total de la construcción de este fue de 54.996 reales de vellón, ósea, 13.749 ptas.

El anterior panteón, fue vendido por la cantidad de 35.000 reales de vellón, a José Ramírez, hermano de la Cofradía, que actuaba en representación de Manuel Guzmán y Rivera, otro cofrade, personaje de la burguesía malagueña, que ayudó de manera desinteresada a la Hermandad. (53)

La procesión de este año también se recordaría por destacados estrenos o reformas que pudieron lucirse; en concreto, el estreno para los nazarenos de “noventa y cinco túnicas, estas en reemplazo de las inútiles”, (54) como asimismo la que presentó el antiguo trono del Señor, del cual no teníamos noticias desde el siglo pasado, con “la restauración del trono y Ángeles, así como los desperfectos de los sayones cuya obra, según se había presupuestado en 1.200 reales de vellón”, (55) restauraciones estas últimas que pudieron ejecutarse gracias a la generosidad del hermano Manuel de Guzmán y Ribera, que las costeó de su capital.

El mandato de Francisco Segalerva (1882-1885) fue muy fructífero, pues además de estos importantes obras llevadas a cabo, se restauró la imagen del Señor, y en el capitulo de procesión se había renovado los hábitos procesionales por encontrarse en mal estado los anteriores, confeccionándose 95 nuevas túnicas para los nazarenos, y se había restaurado el viejo trono del Cristo, con sus característicos ángeles, el cual no teníamos noticias desde el siglo pasado, así como las dos figuras del grupo de misterio del trono. (56)

Sin embargo, esta etapa de desarrollo, reformas y bienestar vivida por esta Hermandad durante esos últimos diez años, a partir de 1885, tendrá un receso. Internamente, la inestabilidad en el gobierno de la Corporación será la nota predominante, sucediéndose continuas Juntas de Gobierno encabezadas por distintos hermanos mayores que no permanecerán más de un año en el cargo; en el plano económico, el déficit se hará presente; y con respecto al culto externo, la Cofradía unas veces condicionada por factores externos y en su mayor parte, imposibilitada por su situación económica, renunciará a efectuar la salida procesional.

No será hasta 1892, cuando se produzca un autentico vuelco del resurgimiento procesionista en la ciudad, al verificarse hasta nueve cofradías que efectuarían su salida procesional, entre ellas, la Puente, que después de ocho años volvía hacerlo. La novedad estuvo en el propio itinerario realizado, que incluyó el paso de la cofradía por primera vez por la calle Marqués de Larios. (57) Otra novedad en la procesión de la Hermandad de la Puente será que esta hará su salida procesional el Jueves Santo sola, desligada, como antaño, del resto de las cofradías de la Parroquia, quienes hicieron su salida otro día, el Miércoles Santo.

Desde año y hasta final de siglo la Cofradía no dejará de efectuar su salida procesional, ello, a pesar del deterioro económico y social que se vivía.

El XIX terminó para la Hermandad siendo uno de los más complicados y tortuoso, en la que su propia existencia se vio puesta en peligro. A pesar de ello si analizamos la vida de las hermandades y cofradías durante esa centuria, podemos decir que la Hermandad de la Puente fue una de las pocas que resistió a los avatares históricos y económicos de la época, teniendo una continuidad casi permanente, atreviéndonos asimismo a afirmar, que fue la cofradía que más veces procesionó.

CRÉDITOS
“BREVE HISTORIA DE LA HERMANDAD”
Extracto sobre estudio histórico realizado por Diego Hermoso Ruiz-Vázquez

FUENTES DOCUMENTALES
(9) – A.H.P.M.: Escribanía de Cristobal Martín de Castilla, fol. 607. Año 1703.
(10) – A.H.P.M.: Escribanía de Alonso García Villafuente, fols. 336-345. Año 1705.
(11) – A.H.P.: Constituciones de 1723 y auto de aprobación de las Constituciones por el Obispo Diego de Toro y Villalobos, 24 de marzo de 1724.
(12) – A.H.P.: Solicitud formulada al Obispado por la Hermandad para la construcción de un altar en la Capilla mayor de la Iglesia, leg. 11 de junio de 1725.
(13) – A.H.P.: Solicitud dirigida por la Hermandad al Obispado para la construcción de una bóveda de enterramientos en el subsuelo de la Iglesia, leg. 30 de julio de 1734.
(14) – A.M.M.: Libro en que se han de llevar la cuenta por los mayordomos de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Puente de lo que se juntare de limosna y demás gastos, 1735-1789. s/c. Véase también, LLORDEN, A. y SOUVIRON, S.: Historia documental de las Cofradías y Hermandades de Pasión de la ciudad de Málaga, Ed. Ayuntamiento, Málaga, 1969. p. 443.
(15) – A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(16) – A.M.M.: Idem.
(17) – A.M.M.: Idem.
(18) – A.M.M.: Idem. Inventario de bienes realizado con motivo del cambio de mayordomos, año 1750.
(19) – A.M.M.: Décadas Malagueñas. Años 1756 y 1757.
(20) – A.M.M.: Idem., pagos efectuados a la bordadora Teresa de Linde por la ejecucción de la túnica para el Cristo, 1760-1768.
(21) – A.M.M.: Idem.
(22) – A.H.P.: Solicitud de la Hermandad dirigida al Obispado para la obtención de la licencia para permutar el altar en la Iglesia por el de San José, leg. 20 de febrero de 1761 y auto de concesión por el Provisor General del Obispado concediendo a la Hermandad el cambio y permuta de altares solicitados, leg. 21 de feberero de 1761.
(23) – A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(24) – A.H.P.: “Cabildo”; Acuerdo de ratificación por este órgano de gobierno de la Hermandad por el que se aprueba hacerse cargo de dicha Cofradía de la Pollinía. Ms. del 7 de junio de 1772, leg. 6-8.
(25) – A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(26) – A.M.M.: Idem.
(27) – Real Cedula de Carlos III sobre prohibición de efectuar enterramientos en el interior de los templos. Año 1781. (Libro 1º, ley 1º, título III de la Movilísima Recopilación de las Leyes de España…, mandada formar por el Señor Don Carlos IV (6 vols.), Imp. Real, Madrid, 1805).
(28) – Real Pragmática de Carlos III sobre abolición y revisión de hermandades de pasión y otras asociaciones piadosas: “Resolu-ción de S. M. a consulta del Consejo de veinticinco de junio de mil setecientos ochenta y tres, sobre reforma, extinción y respectivo arreglo de las Cofradías en las Provincias y Diócesis del Reino. Año 1786. En Madrid. En la Imprenta de Don Pedro Marín”. (Libro 9º, ley 6º, título II de la Novilísima Recopilación de las Leyes de España…, op. cit.).

Siglo XX

La Reorganización: El resurgir de las cenizas

El siglo XX será sin lugar a dudas, con las excepciones de la primera década y del paréntesis comprendido entre la República y la Guerra Civil, uno de los mejores para la Hermandad. Durante esta centuria saldrá del letargo, asistirá a una etapa de esplendor, verá destruido su patrimonio, resurgirá de las cenizas y se reorganizará para situarse entre las primeras del concierto cofrade malagueño y al final, cambiará de sede canónica.

Esos primeros años de esta centuria son uno de los más oscuros y desconocidos en la historia de la Hermandad, de la que apenas hallamos noticias o documentos que nos hablen de la misma, confirmándonos de este modo el periodo de letargo o anquilosamiento por el que atravesaba.

Las noticias provenientes de la Hermandad son prácticamente nulas, incluso en lo tocante a la otra actividad fundamental estatutaria, la de enterramientos, se observa como desde 1902 hasta 1908 no existen asientos en los registros del libro de luminarias del mismo, denotándose con ello la inactividad por la que se atravesaba en esta primera década.

Con relación a las salidas procesionales, lo que es seguro es que durante las Semanas Santas de 1901 a 1909 la Cofradía no efectuará procesión alguna.

Será a partir de 1908, y con la nominación como Hermano Mayor de Rafael Atienza González (1908-1924), cuando la Corporación entrará en una etapa de resurgimiento y gran esplendor.

La Junta de Atienza se hará cargo de una Hermandad con un patrimonio dieciochesco realmente empobrecido. (58) Una de las primeras actuaciones fue la de incorporar como cotitular, en 1909, a la imagen de una dolorosa. Paso significativo en la vida de la Hermandad, que marcará el acontecer de los años. Se trataba de una Dolorosa de autor anónimo malagueño, fechada en el siglo XVIII, de manifiesta tendencia devocional, en la que destacaba su recogida expresión de ojos llorosos, manos en actitud de oración, cabeza inclinada. (59)

La imagen, que se denominó de los Dolores, era propiedad de la propia familia Atienza que la cedió para su culto, adjuntándose desde entonces la advocación mariana al título de la Corporación, quedando constituida como “Real Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Puente del Cedrón y Nuestra Señora de los Dolores”.

Desde la llegada de Atienza se asistirá a una carrera de estrenos y reformas sin precedentes en la que se renueva casi la totalidad del patrimonio cofrade. De este modo, durante 1909 se llevó a cabo la restauración del antiguo trono del Cristo, encargo que se hace al tallista malagueño, Andrés Rodríguez Zapata, así como la realización de treinta túnicas de raso y de una Cruz-Guía. (60) Las reformas prosiguieron al año siguiente, con la ampliación del trono del Señor, la restauración de los cuatro ángeles del trono, la realización de una lanza para el romano y de una nueva túnica para el Señor de Camarín, además de veinticinco túnicas para seguir completando las filas de nazarenos. (61)

La primera salida procesional de ese siglo la efectuó la Cofradía en la Semana Santa de 1910. (62) Dos novedades acompañaran a esta salida procesional, una es la relativa al cambio producido en el día de salida, de Jueves Santo, día que procesionaba desde 1840, al Miércoles Santo, haciéndolo de aquí en adelante hasta la fecha. La otra novedad es la desaparición a la hora de llevar el trono de los hermanos correonistas que serán sustituidos por personal contratado asalariado, normalmente estibadores del puerto: “los hombres de trono”.

Los siguientes años continuaron realizándose estrenos, siendo el más destacable el de la adquisición en 1912 de un trono para la Virgen, de autor anónimo, de estilo neoplateresco, con cuatro grandes candelabros metálicos con tulipas y que carecía de palio. (63) Sin embargo, este primer trono no será procesionado hasta tres años más tarde, pues todavía la Cofradía solo seguía procesionando la sección de Señor.

En 1914 la Hermandad encargó al artista malagueño, Antonio Barrabino, un nuevo trono para el Señor de estilo “Luís XVI”, que resulta de una mayor calidad. (64) El trono no será terminado hasta 1916.

En estos años una de la Semana Santa más recordada para los hermanos de la Cofradía será la de 1915, al ver salir por primera vez en el cortejo procesional al Señor de la Puente seguido de la imagen de una Virgen; Ntra. Sra. de los Dolores, que saldrá desde el interior del templo, en un trono sin palio (adquirido como se ha dicho en 1912), acompañada de una sección de nazarenos vistiendo túnicas de terciopelo morado y capirotes de color blanco. Procesión, que curiosamente no llegó a efectuar el itinerario completo, teniendo que volverse debido a las inclemencias del tiempo. (65)

Si la Semana Santa de 1915 fue recordada, no menos lo sería la del siguiente año de 1916, en la que la Cofradía presentó importantes novedades, como el nuevo trono para el Señor, comenzado en 1914, este de dimisiones rectangulares ya considerables: 2,80 metros de longitud por 2,40 metros de ancho y la Virgen estrenó también un manto bordado realizado en taller de Zaragoza, y el bordado del vestido, obra de la Religiosas Adoratrices de Málaga. (66)

Son años de continuas reformas. Así en los dos años siguientes la Virgen de los Dolores estrenará dos tronos; uno en la Semana Santa de 1917, de estilo neogótico, construido en Zaragoza, que como novedad más importante presentaba la aparición de un palio, tipo de cajón, con bambalinas bordadas en Zaragoza en casa de Leonor Torres. Igualmente estrenó un manto de terciopelo azul y 32 candeleros de metal plateado. (67)

Esa Semana Santa de 1917 también será recordada porque la Cofradía, debido a la fuerte lluvia que calló, no pudo efectuar su salida procesional, haciéndolo en su lugar, no el Jueves Santo como sería lo normal, sino el Viernes Santo. (68)

No tubo que contentarles demasiado a los hermanos este trono de la Virgen, pues en 1918 de nuevo volverá a estrenar, otro nuevo, el tercero; de estilo románico de madera dorada y policromada, obra de Antonio Barrabino, autor también del trono del Señor, con tallas de Diego García Cabreras, aunque conservaría el palio del anterior trono.

Todo este patrimonio ejecutado se pudo realizar gracias a la tenacidad y a los sacrificios económicos de los directivos de la Hermandad. Ejemplo de esta tenacidad lo representa la capacidad para buscar fondos extraordinarios promoviendo actividades o eventos sociales: rifas, verbenas, funciones de cine, festivales taurinos, etc. No pasa un año sin que la Cofradía deje de sorprender con nuevos estrenos. Basta decir, que entre 1909 y 1918, la Hermandad había gastado la ingente cantidad (de la época) de 55.980 pesetas en renovar el patrimonio procesional, según declaraba el propio Atienza en una entrevista realizada para el diario La Unión Mercantil.

En 1919 el trono de la Virgen presenta un manto nuevo bordado en oro y plata, realizado por las Adoratrices de Málaga, quienes bordaron además el interior del palio, y se sustituyo el marco dorado de madera que remataba el palio, por otro de terciopelo bordado en oro.

Las reformas llevadas a cabo en estos años no solo se circunscribieron a los enseres procesionales; así el domingo 5 de agosto de 1923, durante la tradicional celebración de la festividad del Cristo, se inauguró la importante restauración acometida en la Capilla del Señor, que desde el anterior siglo no había tenido reformas. (69).

Nuevamente el Miércoles Santo de 1924 se estrenó la gran reforma llevada a cabo en el trono del Cristo, realizada también por Antonio Barrabino, de tal importancia, que prácticamente resultaba como nuevo. Se trataba de un trono ya de grandes dimensiones (para los procesionados en la época), de 2,5 m. de ancho por 4,5 de largo; considerado de estilo compuesto aunque de cierta influencia barroca., siendo la novedad más destacable la del puente, que figura cambiado y colocado conforme al eje del trono (como en la actualidad).

El 30 de julio de 1924 se produce el fallecimiento de Rafael Atienza, artífice e impulsor durante estos años del auge de la Cofradía. Le sustituirá en el cargo quien fuese su máximo colaborador, el Teniente de Hermano mayor, Rafael Mata Morales (1924-1925), que durante un año ocupará interinamente el cargo de Hermano Mayor.

A pesar de lo efímero de su tiempo en el cargo, bajo su mandato se confeccionará el bordado del palio totalmente terminado con rica maya y flecos de oro, cuatro abortantes con cincuenta luces, realizados en los talleres de Pío Mollar de Valencia para el trono de la Virgen, del que la prensa se encargó de resaltar como “de los más fastuosos y ricos que desfilan durante la Semana Santa”, así como cuatro nuevos arbotantes para el trono del Señor y el bordado de las túnicas para los mayordomos y nazarenos que portan insignias, realizaciones que se pudieron ver estrenadas el Miércoles Santo de 1925. (70)

Le sucederán en el cargo los cofrades, primeramente, José Gómez Marcado (éste apenas por tiempo de un mes, dado que fue electo pero no tomará posesión, y José Meca Martínez (1925-1929).

Esta nueva Junta presidida por Meca, se encontrará con el problema de que la imagen de la Virgen de los Dolores, propiedad de la familia Atienza, que fue cedida otrora para el culto, es reclamada por dicha familia. Ante la situación creada, la Hermandad se ve en la necesidad de adquirir otra talla, que reemplace a la anterior, cambio que no solo fue de imagen sino también de advocación mariana, pasando de denominarse de Nuestra Señora de los Dolores a María Santísima de la Paloma. Titulación que no fue arbitraria, sino responde a un singular hecho ocurrido en la procesión de ese año 1925, y que dio lugar a que el en una Solemne Función celebrada el 4 de marzo de 1926 por el canónigo de la Sta. Iglesia Catedral, D. Rafael Contreras, Capellán de la Hermandad, se bendijese la nueva talla con esa hermosa y nueva advocación que a larga significará un punto de inflexión en la vida de la Hermandad.

La nueva imagen fue donada por el hermano Antonio Domínguez Silva. Se trataba de una talla de candelero, de autor anónimo malagueño, considerada de facturación industrial de finales del siglo XIX, cuya característica más llamativa era que tenía sus manos abiertas, propia de las imágenes pasionistas, sobre la que figuraba en su mano izquierda una paloma.

La salida de esta nueva Imagen no será la única novedad en la Semana Santa de 1926, dado que entre las reformas y estrenos que se presentaban, estaba la introducción de la capa en la indumentaria procesional, al menos para los penitentes con insignias y mayordomos, un hecho nuevo para la Cofradía, sin precedentes y que tan solo mantuvo durante seis años, hasta 1931, pues después de la Guerra la Hermandad optará por prescindir de esta.

Otro de los estrenos importantes de esta época fue el que lució la Virgen en la Semana Santa de 1929: un nuevo manto cuyas dimensiones eran de siete metros y medio, de terciopelo azul bordado en oro por las Religiosas Adoratrices y que sustituía al de 1919. Además, la Virgen estrenó otra nueva saya bordada en oro con aplicaciones de pedrería, regalo de la Camarera Mayor, Carmen de las Peñas de Cabo.

En los últimos años de esta etapa que denominamos como de esplendor, en noviembre de 1929, es nombrado Hermano Mayor, Manuel Atencia Molina (1929-1937). (71) Una de sus principales logros de la Junta de Manuel Atencia fue el de la apertura de la puerta que daba acceso por el bajo coro de la Iglesia de San Juan. Puerta, por la que saldrá la Cofradía en esa Semana Santa de 1930 y la siguiente de 1931, no pudiéndolo hacer lamentablemente más.

Sin embargo esta etapa vivida en estas dos últimas décadas, se verá truncada con el advenimiento de la II República, cuando en la noche del 11 de mayo de 1931 es saqueada la Iglesia de San Juan. La Hermandad logró salvar, aunque con serios desperfectos, las dos Imágenes Titulares que solo fueron parcialmente destruidas, además de la mayor parte de los enseres procesionales que, gracias a que no se encontraban en la parroquia de San Juan, se libraron de su destrucción o saqueo.

A partir de entonces, la Hermandad, mermada, limitará su actividad restringiéndose al culto interno, pues ya no será hasta casi una década después cuando vuelva a salir a la calle la Cofradía, eso sí, ya con otras Imágenes y en un contexto diferente.

El 18 de Julio de 1936 estalló la Guerra y Málaga se encontraba en zona republicana. Durante este tiempo las cofradías como parte de la Iglesia Católica sufrieron otra vez la acometida. El escaso patrimonio cofrade salvado en 1931 fue ahora arrasado. Así ocurrió con la Parroquia de San Juan que fue asaltada por las turbas revolucionarias y esta vez las imágenes del Cristo y la Virgen no se libraron, en esta ocasión fueron destrozadas y quemadas, perdiéndose para siempre.

LA REORGANIZACIÓN

Terminada la Guerra Civil en Málaga, se inicia, partiendo prácticamente de cero y bajo la dirección de Miguel Hermoso Puerta, la reorganización de la Hermandad, cuya primera tarea fue el encargo al escultor granadino José Navas Parejo de las tallas de los Titulares; primero, la de la imagen de la Virgen, que fue bendecida el Domingo de Ramos de 1939, recibiendo culto en la última capilla lateral de la nave de la derecha, (enfrente de la capilla del Cristo, en la otra nave), y que el párroco de San Juan cedió para que fuera ubicada la imagen de la Virgen de la Paloma, lugar donde permanecerá hasta 1972. Se trataba esta de la capilla que había ocupado la imagen de la Hermandad del Nazareno de San Juan, desaparecida a raíz de los sucesos de 1931. Y al año siguiente, también otro Domingo de Ramos, se bendijo la del Señor. Mencionar que ambos Imágenes fueron bendecidas por el Obispo de la Diócesis, Dr. Santos Olivera.

De este modo, con las Imágenes ya repuestas al culto, el Miércoles Santo de 1940 la Cofradía volvía, después de diez años sin hacerlo, a procesionar a las por las calles de nuestra Ciudad. Para la ocasión las imágenes fueron procesionadas en tronos construidos por el carpintero de la Hermandad.(72) Se trataba, como es comprensible, de tronos de escaso valor artístico cuyo cajillo estaba ornamentado con aplicaciones de tallas doradas y en el que destacaba sobre el mismo, el puente colocado transversalmente al eje del mismo, mientras que el de Virgen, tenía cajillo color caoba llevando sobre este la antigua cancelería, barras, palio y manto del anterior trono, todos estos salvados de la contienda.

Sin embargo, esta salida procesional y las siguientes ya no serán iguales a las de antaño, al no poder salir las Imágenes desde la Iglesia. Motivado por la incomprensión del clero, la Cofradía, después de más de tres siglos, se verá obligada a tener que sacar sus Imágenes en sus tronos procesionales no de la Parroquia, sino de en medio de la calle, cobijada en unos toldos montados para la ocasión, que popularmente hemos conocido con el nombre de “el tinglado”, circunstancia que se prolongará por más de medio siglo.

En la Semana Santa de 1942 las Imágenes lucirán reformas de los tronos procesionales encomendada a la Casa Orrico de Valencia Hay que puntualizar, que no se trataba de la realización de nuevos tronos, sino solo una reforma de los mismos, que afectaban al cajillo propiamente, para enriquecerlos, que en el caso de el Señor presentaba un nuevo cajillo, color madera con aplicaciones de bronce imitación oro. Y el de la Virgen, llevaba un cajillo nuevo color “corinto” también con aplicaciones de metal color plata. (73)

En 1944 es nombrado Hermano Mayor Honorario al Excmo. Ayuntamiento de Madrid, estrecha vinculación que se manifiesta el Miércoles Santo de 1945 con la presencia de la Corporación Madrileña en la procesión de la Cofradía. Y desde entonces, con alguna excepción, y hasta la fecha, los alcaldes de la Capital del Reino o sus representantes, han presidido todos los años la procesión de la Santísima Virgen de la Paloma.

Otra fecha memorable en estos años, es el que tuvo lugar el 1 de septiembre de 1946, que podíamos definirlo de singular. Se trató de prestar juramento de fe al dogma de la Asunción de la Virgen, acto con el que la Hermandad quería reafirmar el carácter mariano. Como ya ocurriera con el dogma de la Inmaculada Concepción nuestra Hermandad se adelantó defendiendo este misterio antes de que fuese proclamado por la propia Iglesia a través de Su Santidad Pío XII, el 1 de noviembre de 1954, reconociendo la subida a los cielos en cuerpo y alma de la Virgen María. De ello, aconteció el hecho que la Hermandad celebre cada 15 de agosto, fiesta litúrgica de la Asunción de la Virgen, la festividad de María Santísima de la Paloma.

Esta demostración de amor y devoción a la Virgen tuvo su reconocimiento el día 16 de septiembre de ese año, y merced a la solicitud que a través del Párroco, D. Emilio Cabello, el Sr. Obispo Dr. Balbino Santos otorgó Decreto de indulgencia especial a aquellas madres o familias que presentaran a sus niños recién nacidos ante la Virgen de la Paloma: “Por la presente concedemos cien días de indulgencia a todos los files de uno y otro sexo que oren ante la imagen de la Stma. Virgen de la Paloma, y a las madres que La presenten sus hijos recién bautizados”. Hermoso privilegio que la Hermandad continua realizando en la fecha del 2 de febrero.

Poco a poco la Hermandad va subiendo peldaños en la recuperación de su patrimonio perdido, primero, con la reconstrucción de las capillas para los Titulares; siendo mencionable destacar la del Señor, hecha toda de mármol de ágata, que con gran expectación en Málaga fue bendecida e inaugurada el 4 de diciembre de 1949 por el Obispo y Cardenal D. Ángel Herrera y Oria.

A mediados de la década de los años cincuenta, se afronta la reforma de los enseres procesionales, y a tal fin, se le encarga al tallista malagueño Pedro Pérez Hidalgo la realización de los tronos; estrenándose primeramente el de la Virgen en 1956, trono de grandes dimensiones de estilo barroco dorado, que es completado con la realización por parte de las religiosas Adoratrices de Málaga de un nuevo manto, así como de un nuevo palio, realizado en los talleres de Encarnación Benítez de El Escorial; y después, el del Señor, de estilo barroco, labrado también en madera con aplicaciones doradas, siendo este de importantes dimensiones, que es estrenado en 1963.

Al analizar la vida de esta Corporación en este siglo, no habrá otro periodo bajo la presidencia de Miguel Hermoso Puerta tan fecundo para la Hermandad como el historiamos. Los años cincuenta y buena parte de los sesenta significaron un periodo marcado por acontecimientos relevantes, y de realizaciones y consecuciones notables. Acontecimientos como las Santas Misiones en 1951, con grandes fastos que promovieron la salida extraordinaria en Rosario de la Aurora de los Titulares; realizaciones tan notables como las efectuadas en el conjunto de los enseres procesionales, destacando aquel frente de procesión con aquellas túnicas en terciopelo bordadas; consecuciones como la alcanzadas en la solemnidad dada a los cultos, que hacen que los mismos sean referentes en la Málaga cofrade. Buen ejemplo fue el Quinario de 1957, que destacó por la predicación que corrió a cargo del popularmente conocido padre Venancio Marcos y por el impresionante altar montado, que albergó en toda su dimensión el presbiterio y altar mayor de la Iglesia, levantando una gran expectación, llenándose todas las naves de la Iglesia de hermanos y fieles, tal es así, que se tuvo que cobrar a una peseta la silla., siendo retransmitidos en directo por Radio Juventud y seguidos por la prensa escrita que se hizo eco en todos los diarios.

La vinculación con instituciones y personalidades, incorporando a la nómina de hermanos a personas de renombre de la nobleza, burguesía industrial, política, ministros de la Iglesia y de la sociedad de entonces que ayudaron en gran medida al desarrollo de la Hermandad; o la proyección de la Hermandad más allá de Málaga, con la existencia de dos colonias de hermanos en las ciudades de Madrid y Barcelona, o la exposición en el año 1960 en Madrid del trono de María Santísima de la Paloma, como exponente de nuestra Semana Santa, son en su conjunto testimonio de una época que aúpan a la Hermandad entre las más señeras de nuestra ciudad.

La llegada de los años setenta supondrá un revulsivo en el auge emprendido por la Hermandad. Dos hechos son los que marcarán el devenir. El primero es la realización en 1970 y bendición, el 20 de febrero de 1971, de la nueva imagen de la Virgen de la Paloma, obra del imaginero sevillano Luís Álvarez Duarte, que resultó ser de notable admiración, belleza y devoción por sus singulares facciones, y el otro, es relevo generacional dentro de la estructura interna de la Cofradía. A los 35 años de mandato de Miguel Hermoso, el más largo de la historia de la Hermandad, y de aquellos hombres que desde la reorganización de la Hermandad habían estado al frente, se dará paso a otra generación más joven. Francisco Hermoso Bermúdez (1972-1990), hijo del anterior, será elegido el 15 de febrero de 1972 Hermano Mayor.

Con la llegada de Francisco Hermoso se inicia una etapa que podríamos calificar de “renovación”. En apenas los cinco primeros años, se acomete una serie de reformas y se renueva, con la excepción de la túnica del Cristo, el palio, manto y trono de la Virgen, la totalidad del actual patrimonio procesional; que comenzará con la realización de un magnífico trono dorado en oro fino para el Señor, estrenado en 1973; de nuevas barras de palio (1973), de nuevos hábitos para los nazarenos (1973), confeccionados en terciopelo burdeos para la sección del Cristo y en azul para la de la Virgen con capirotes de raso para ambas secciones, y de nuevos enseres procesionales (1974). Además de estas reformas procesionales, se consiguen dos importantísimas adquisiciones: una, fue la compra y edificación del almacén de la calle María Tubao (1972-73), gran consecución en cuanto permitía que los tronos pudieran guardarse sin necesidad de montarlos y volverlos a desmontar. El otro logro fue la cesión y permuta de la antigua capilla del Santísimo de la Parroquia por la anterior de María Santísima de la Paloma (1972). La adquisición de esta nueva Capilla para nuestra Titular, en un lugar emblemático del templo, presidiendo la nave colateral derecha, iba a significar una magnífica oportunidad para poder dedicarle una capilla tan digna como la que tenía el Señor.

Junto a estas consecuciones de un nuevo estilo del cual fuimos pioneros y que con el tiempo influyó a todas las demás hermandades; como el vestir a la Virgen de hebrea (1972), en detalles en el trono de la Virgen como las llamadas “velas rizadas” (1972), la colocación del tren de velas que conseguirá que estas lleven una simetría casi perfecta (1972), los rosarios en las barras del palio (1973), la conversión de las tallas de las figuras del grupo de misterio para ser revestidas (1973), o más tarde recuperar para el cortejo procesional la figura del Pertigüero (1986). Sin olvidarnos, que nuestra Corporación abrió el ciclo de los suntuosos y efímeros altares de culto, tal y como hoy los entendemos.

También en los años setenta asistiremos a otros no menos importantes cambios. En 1973 primero, y en 1978 luego, se sustituye a los hombres de trono asalariados por jóvenes portadores que sin contraprestación económica se ofrecen a llevar los tronos y que terminarán siendo hermanos. El otro cambio significante es la incorporación, en contra de lo legislado en el anterior Derecho Canónico, de la mujer en las filas de nazarenos. Estos acontecimientos serán dos hechos claves para el futuro de la Hermandad.

En 1980, después de muchos años de sacrificios, se hace realidad el ansiado deseo de proveer a la Virgen de una Capilla en consonancia con la del Señor. Así pues, el 1 de noviembre de ese año, es bendecida la Capilla de la Virgen en San Juan, sobresaliendo el magnifico retablo del siglo XVIII adquirido, que había sido reconstruido y montado por los propios hermanos.

Su bendición es llevada a cabo con una solemne ceremonia religiosa que fue oficiada por el Obispo, D. Ramón Buxarráis, y actuando como padrinos el Sr. Gobernador Civil y Sra.

En diciembre de 1982, después de un proceso algo tortuoso, son aprobados los Estatutos que, a instancias de Autoridad Eclesiástica, se acomodaban a las normas dictadas para el régimen de gobierno de las hermandades y cofradías.

En marzo de 1987, en conmemoración de los 350 años de historia de la Hermandad y 50 de la reorganización, se realizan con este motivo una serie de actos que acompañan a estas efemérides con estrenos y reformas patrimoniales, y que culminan con la salida extraordinaria de Ntro. Padre Jesús de la Puente. En un trono preparado para tal ocasión y acompañado de las figuras del “Berruguita” y el Romano, desde la misma Iglesia de San Juan salió y recorrió las calles del casco antiguo para visitar en sus respectivos templos a las hermandades del Huerto y Pollinica, que antaño fueron filiales de la Puente.

Los años finales de la década de los ochenta son años de importancia para la Corporación. La Hermandad cambia la imagen del Señor, por una nueva talla de mejor plasticidad, encargándole la obra al imaginero sevillano, Juan Manuel Miñarro López. El 20 de noviembre de 1988 es bendecida la actual y soberbia Imagen. El Cristo, subido en un impresionante altar erigido para la ocasión, presidio el Altar Mayor de San Juan, en una solemne función oficiada por nuestro Consejero de Honor, D. Manuel Gámez López. Nueva imagen del Señor que saldrá procesionada en la Semana Santa de 1989.

El 24 de julio de 1990 es nombrado Hermano Mayor, José Luís Parra de Torres (1990-1999), cuyo mandato se verá centrado en conseguir un añorado y necesario anhelo; el realizar para la Hermandad, no solo una Casa de Hermandad donde los hermanos se pudieran reunir y hacer las actividades de la Cofradía, sino lo más resaltable, el disponer de una Capilla para los Titulares en los que estos pudieran tener sus cultos propios y desde donde pudieran salir en sus tronos procesionales; ambicioso e ingente proyecto que con gran sacrificio y entrega se pudo ver hecho realidad en 1995, con la edificación en la Plaza de San Francisco de la nueva sede canónica de la Corporación.

La nueva sede, definida arquitectónicamente como de estilo “neoclásico malagueño”, es una construcción concebida por nuestro hermano y arquitecto, Antonio Valero del Valle. Se trata de una obra única por ser completa, al recoger Capilla y Casa de Hermandad en un mismo edificio, y por ser de las pocas cofradías en nuestra ciudad que permite que desde su propio templo pueda realizar su salida procesional.

De este modo, en octubre de 1995 se producirá un hecho histórico que marcará otro antes y después en la vida de esta antigua Corporación, cuando después de más de tres siglos, esta Hermandad, abandonará la iglesia de San Juan, sede donde se erigió, para establecerse en su sede propia de la plaza de San Francisco. Actos que tienen lugar ese 28 de octubre con la celebración de una solemne función de despedida y posterior traslado en procesión extraordinaria con las Imágenes a la nueva sede. Procesión que se efectúa arropada de multitud de malagueños con los tronos procesionales del Cristo de la Exaltación y de Ntra. Sra. del Mayor cedidos por las Cofradías Fusionadas.

A la mañana siguiente, el 29 de octubre, en una solemnísima función oficiada por el Sr. Obispo, D. Antonio Dorado Soto, y con la presencia de las mas altas instancias municipales de la ciudades de Madrid y Málaga, es consagrada la nueva Capilla en honor a nuestra Titular, María Santísima de la Paloma.

A la par de este importante acontecimiento, en ese año 1995 será recordado en los anales doblemente, al conmemorarse el 50º aniversario del hermanamiento entre la Hermandad y el Ayuntamiento de la Capital del Reino; efeméride que se verá escenificada con la concesión por parte de la Corporación Madrileña, el 28 de julio, de la Medalla de Honor, la más alta distinción de esa Ciudad a nuestra Titular; imposición que fue ofrecida a la Virgen de manos del Alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano.

Asimismo, se celebró la conmemoración del XXV aniversario de la bendición de la imagen de María Santísima de la Paloma con una serie de actos que se iniciarían en ese mes de octubre y se prolongarían hasta el de febrero de 1996, fecha (la de febrero) en la que tuvo lugar la bendición de la Imagen.

Celebraciones, todas estas, que junto a la primera salida procesional del nuevo templo en la Semana Santa de 1996, constituyen fechas memorables e imposibles de obviar.

En febrero de 1998, como ocurriera en 1960, fue llevado a Madrid para ser expuesto el trono de la Virgen, como uno de los exponentes de trono malagueño, siendo objeto de admiración de propios y foráneos.

En estos últimos años del mandato de José L. Parra se inicia la restauración y pasado a nuevo terciopelo de las bambalinas del palio de la Virgen, estrenándose la delantera y trasera en la Semana Santa de 1999.

Antes de finalizar el pasado siglo, el 25 de Abril de 1999 es nombrado Hermano Mayor, Ángel Crespo Moreno (1999-2003), quien, prosiguiendo la labor emprendida por los que le precedieron, lleva a cabo proyectos tan precisos en lo concerniente al patrimonio procesional y de culto; procesional, con la terminación del pasado a nuevo terciopelo del palio y del manto de la Virgen (2002); y de culto, con la restauración efectuada en los altares de la Capilla, con el embellecimiento de los mismos, y la instalación tan deseada por todos los hermanos del antiguo retablo que albergaba a la Virgen en iglesia de San Juan, obras estas últimas que fueron inauguradas el 24 de diciembre de 2002 por el Obispo de la Diócesis, D. Antonio Dorado Soto.

CRÉDITOS
“BREVE HISTORIA DE LA HERMANDAD”
Extracto sobre estudio histórico realizado por Diego Hermoso Ruiz-Vázquez

FUENTES DOCUMENTALES
(9) – A.H.P.M.: Escribanía de Cristobal Martín de Castilla, fol. 607. Año 1703.
(10) – A.H.P.M.: Escribanía de Alonso García Villafuente, fols. 336-345. Año 1705.
(11) – A.H.P.: Constituciones de 1723 y auto de aprobación de las Constituciones por el Obispo Diego de Toro y Villalobos, 24 de marzo de 1724.
(12) – A.H.P.: Solicitud formulada al Obispado por la Hermandad para la construcción de un altar en la Capilla mayor de la Iglesia, leg. 11 de junio de 1725.
(13) – A.H.P.: Solicitud dirigida por la Hermandad al Obispado para la construcción de una bóveda de enterramientos en el subsuelo de la Iglesia, leg. 30 de julio de 1734.
(14) – A.M.M.: Libro en que se han de llevar la cuenta por los mayordomos de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Puente de lo que se juntare de limosna y demás gastos, 1735-1789. s/c. Véase también, LLORDEN, A. y SOUVIRON, S.: Historia documental de las Cofradías y Hermandades de Pasión de la ciudad de Málaga, Ed. Ayuntamiento, Málaga, 1969. p. 443.
(15) – A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(16) – A.M.M.: Idem.
(17) – A.M.M.: Idem.
(18) – A.M.M.: Idem. Inventario de bienes realizado con motivo del cambio de mayordomos, año 1750.
(19) – A.M.M.: Décadas Malagueñas. Años 1756 y 1757.
(20) – A.M.M.: Idem., pagos efectuados a la bordadora Teresa de Linde por la ejecucción de la túnica para el Cristo, 1760-1768.
(21) – A.M.M.: Idem.
(22) – A.H.P.: Solicitud de la Hermandad dirigida al Obispado para la obtención de la licencia para permutar el altar en la Iglesia por el de San José, leg. 20 de febrero de 1761 y auto de concesión por el Provisor General del Obispado concediendo a la Hermandad el cambio y permuta de altares solicitados, leg. 21 de feberero de 1761.
(23) – A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(24) – A.H.P.: “Cabildo”; Acuerdo de ratificación por este órgano de gobierno de la Hermandad por el que se aprueba hacerse cargo de dicha Cofradía de la Pollinía. Ms. del 7 de junio de 1772, leg. 6-8.
(25) – A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(26) – A.M.M.: Idem.
(27) – Real Cedula de Carlos III sobre prohibición de efectuar enterramientos en el interior de los templos. Año 1781. (Libro 1º, ley 1º, título III de la Movilísima Recopilación de las Leyes de España…, mandada formar por el Señor Don Carlos IV (6 vols.), Imp. Real, Madrid, 1805).
(28) – Real Pragmática de Carlos III sobre abolición y revisión de hermandades de pasión y otras asociaciones piadosas: “Resolu-ción de S. M. a consulta del Consejo de veinticinco de junio de mil setecientos ochenta y tres, sobre reforma, extinción y respectivo arreglo de las Cofradías en las Provincias y Diócesis del Reino. Año 1786. En Madrid. En la Imprenta de Don Pedro Marín”. (Libro 9º, ley 6º, título II de la Novilísima Recopilación de las Leyes de España…, op. cit.).

Siglo XXI

El nuevo milenio …

Ya en este presente siglo, el XXI desde el nacimiento de nuestro Redentor, la Hermandad, camino de conmemorar su cuarto centenario de existencia, los afronta con grandes expectativas.

A la Junta de Gobierno encabezada por Ángel Crespo le sucedió la de José Carlos Almarza Sola (2003-2007), que celebró el 350º aniversario de las primeras Constituciones de la Hermandad, con una serie de actos y el Vía-Crucis extraordinario efectuado el 15 de marzo de 2006 con la imagen del Señor de la Puente. Bajo este mandato también se lleva a cabo, gracias a la familia García-Campos, la pintura del gran fresco que decora la Capilla, obra de Francisco Hernández; y se promueve la vinculación con el Ilustre Colegio de Veterinarios de Málaga, a quien se le nombra Hermano Mayor Honorario, otorgando éste último la Medalla de Oro de dicho colectivo a nuestra Titular.

Tras la conclusión de ese mandato, el 16 de junio de 2007 se celebran elecciones, siendo las primeras en más de un siglo en las que concurren dos candidaturas; la encabezada por el anterior, José Carlos Almarza y la de Antonio Valero del Valle, resultado electo este último como nuevo Hermano Mayor.

El mandato de Antonio Valero del Valle (2007-09), a pesar de ser desgraciadamente tan efímero en el tiempo, se caracterizará por representar uno de los más fecundos, marcando, desde que se hiciera la Casa de Hermandad, un punto de inflexión. En tan solo dos años de ejecutoria la Hermandad se ve engrandecida con una serie de estrenos y reformas patrimoniales de vital importancia.

El primero de ellos y más importante fue el de la ampliación de la Casa de Hermandad, proyecto diseñado en 1993 e inacabado desde entonces. Ambiciosa obra que se inicia el 10 de julio de 2007, nada más tomar posesión, y que tan solo un año después se concluyen, quedando la Casa expedita el 13 de agosto de 2009, siendo inaugurada esta ampliación en la festividad de la Virgen del 15 de agosto de ese mes.

Con esta edificación se consigue no solo un inmueble que representa un incremento patrimonial indudable, sino un espléndido ámbito para desarrollar la vida ordinaria de la hermandad, y conservar y exponer los enseres, principalmente el concerniente a los tronos e insignias procesionales, que con el nuevo Salón de Tronos posibilita tener la provisión de espacio suficiente en exposición como era deseable.

Coincidiendo en esa primera anualidad del mandato se acomete otro proyecto no menos importante: el de la restauración de la imagen de María Stma. de la Paloma; que tras 37 años desde su ejecución y motivado por el paso de los años, se hacía necesaria. Así pues, el 14 de abril de 2008 nuestra Titular abandona por primera vez el culto para ser trasladada a Sevilla al estudio del imaginero autor de la Imagen, Álvarez Duarte, siendo devuelta tras su restauración a su Capilla el 23 de julio. Momento que fue celebrado con actos de bienvenida y acción de gracias.

Junto a estos logros, se hace realidad una consecución de estrenos de enseres patrimoniales muy significativos que resultaban precisos; como: la nueva saya procesional bordada, las nuevas ánforas para el trono, el resplandor de plata para la Virgen, la nueva peana y la túnica bordada para el Señor; además de la ejecución de la primera fase de la restauración del trono del Señor. Como decíamos, significativos logros, que junto a la aprobación el 1 de octubre de 2008 de las nuevos Estatutos, que demandaban su actualización, y una intensa actividad cofradiera, con un incremento en la participación de hermanos que han representado la vitalidad y puesta al día de nuestra Hermandad.

Desgraciadamente, el 24 de julio de 2009 la Hermandad se ve sorprendida con el fallecimiento de Antonio Valero, sustituyéndole inmediatamente en el cargo José E. Carretín Soto, actual Hermano Mayor, quien es confirmado por la autoridad eclesiástica y ratificado en el cargo por el Cabildo el 23 de noviembre de 2009.

A grandes rasgos, esta es la historia de una de las hermandades de pasión más antigua y señeras de nuestra Ciudad y que con más continuidad ha perdurado en el tiempo; que aunque hoy es conocida popularmente como “Cofradía de la Paloma”, esta debe su origen al Señor de la Puente, bajo la cual se fundó.

CRÉDITOS
“BREVE HISTORIA DE LA HERMANDAD”
Extracto sobre estudio histórico realizado por Diego Hermoso Ruiz-Vázquez

FUENTES DOCUMENTALES
(9) – A.H.P.M.: Escribanía de Cristobal Martín de Castilla, fol. 607. Año 1703.
(10) – A.H.P.M.: Escribanía de Alonso García Villafuente, fols. 336-345. Año 1705.
(11) – A.H.P.: Constituciones de 1723 y auto de aprobación de las Constituciones por el Obispo Diego de Toro y Villalobos, 24 de marzo de 1724.
(12) – A.H.P.: Solicitud formulada al Obispado por la Hermandad para la construcción de un altar en la Capilla mayor de la Iglesia, leg. 11 de junio de 1725.
(13) – A.H.P.: Solicitud dirigida por la Hermandad al Obispado para la construcción de una bóveda de enterramientos en el subsuelo de la Iglesia, leg. 30 de julio de 1734.
(14) – A.M.M.: Libro en que se han de llevar la cuenta por los mayordomos de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Puente de lo que se juntare de limosna y demás gastos, 1735-1789. s/c. Véase también, LLORDEN, A. y SOUVIRON, S.: Historia documental de las Cofradías y Hermandades de Pasión de la ciudad de Málaga, Ed. Ayuntamiento, Málaga, 1969. p. 443.
(15) – A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(16) – A.M.M.: Idem.
(17) – A.M.M.: Idem.
(18) – A.M.M.: Idem. Inventario de bienes realizado con motivo del cambio de mayordomos, año 1750.
(19) – A.M.M.: Décadas Malagueñas. Años 1756 y 1757.
(20) – A.M.M.: Idem., pagos efectuados a la bordadora Teresa de Linde por la ejecucción de la túnica para el Cristo, 1760-1768.
(21) – A.M.M.: Idem.
(22) – A.H.P.: Solicitud de la Hermandad dirigida al Obispado para la obtención de la licencia para permutar el altar en la Iglesia por el de San José, leg. 20 de febrero de 1761 y auto de concesión por el Provisor General del Obispado concediendo a la Hermandad el cambio y permuta de altares solicitados, leg. 21 de feberero de 1761.
(23) – A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(24) – A.H.P.: “Cabildo”; Acuerdo de ratificación por este órgano de gobierno de la Hermandad por el que se aprueba hacerse cargo de dicha Cofradía de la Pollinía. Ms. del 7 de junio de 1772, leg. 6-8.
(25) – A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(26) – A.M.M.: Idem.
(27) – Real Cedula de Carlos III sobre prohibición de efectuar enterramientos en el interior de los templos. Año 1781. (Libro 1º, ley 1º, título III de la Movilísima Recopilación de las Leyes de España…, mandada formar por el Señor Don Carlos IV (6 vols.), Imp. Real, Madrid, 1805).
(28) – Real Pragmática de Carlos III sobre abolición y revisión de hermandades de pasión y otras asociaciones piadosas: “Resolu-ción de S. M. a consulta del Consejo de veinticinco de junio de mil setecientos ochenta y tres, sobre reforma, extinción y respectivo arreglo de las Cofradías en las Provincias y Diócesis del Reino. Año 1786. En Madrid. En la Imprenta de Don Pedro Marín”. (Libro 9º, ley 6º, título II de la Novilísima Recopilación de las Leyes de España…, op. cit.).

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