INICIOflecha HERMANDADflecha HISTORIAflecha Siglo XVIII
Historia
 - 
Siglo XVIII

Apogeo y esplendor de la Corporación

Si la centuria pasada constituyó ser el siglo de oro para las hermandades y cofradías, la llegada del siglo XVIII representa para la Hermandad, con respecto al anterior, un tiempo de continuidad, crecimiento y consolidación que le aupará y le hará adquirir notable importancia en el concierto cofradiero malagueño.

De los primeros años de este siglo apenas tenemos noticias en el seno de la Corporación salvo el fallecimiento acontecido el día 11 de mayo de 1706, a la edad de 82 años, de la mítica figura del que fuera Hermano Mayor Mayor y emancipador de la Hermandad, el Caballero de Calatrava, Juan de Ovando y Santarén.

No obstante, debemos precisar que, aunque el fallecimiento de Juan de Ovando sucede en el año citado de 1706, muy probablemente el cargo o patronazgo que ostentaba sobre la Hermandad pudiera haberlo dejado años antes; pues, a tenor de los documentos conservados, constatamos que en el año 1703, por la escritura notarial otorgada ante el escribano público Juan Hidalgo de Vargas, el 13 de diciembre Juan de Ovando renunciaba, por motivos de su avanzada edad y enfermedades propias, al privilegio de seguir llevando el Estandarte principal de la Cofradía del Santo Cristo de la Columna, cediendo y desligándose con ello de los derechos y obligaciones que tenía sobre la misma. (9) A raíz de ello, y apenas un año y tres meses después, el 20 de marzo de 1705, la Cofradía de la Columna nombra en su lugar para este patronazgo al capitán de los tercios de la ciudad Carlos Federico Swert y Silo, (10) curiosamente, y a ello queríamos llegar, progenitor de Juan Carlos Swert y Guerrero, persona que figura ya en estos primeras décadas del siglo como Hermano Mayor / patrón-benefactor de la Hermandad de la Puente. Con ello corroboramos que, con la entrada del siglo la Hermandad asistió a un cambio en su presidencia o patronazo que sobre ella venían ejerciendo, pasando de la familia Ovando y Santarén a la de los Swert, mecenazgo que se prolongará casi hasta finales de dicha centuria.

Juan Carlos Swert y Guerrero, teniente coronel de las milicias y regidor perpetuo del Cabildo Municipal, pertenecía a otra de  las  familias  nobles  de  la Ciudad.  De  orígenes  genoveses,  era descendiente de una familia de importantes mercaderes asentados en Málaga.

El acontecimiento más notorio que tuvo lugar bajo el mandato de Juan Carlos Swert fue la reforma y ampliación de las Constituciones anteriores, reforma que, según se desprende del propio texto de la misma, terminó de ser llevado a cabo el 22 de marzo de 1723. Nuevas reglas que fueron aprobadas el día 24 de marzo de 1724 por el entonces Obispo, D. Diego de Toro y Villalobos. (11)

Con un texto más extenso que las anteriores, las principales novedades que presentan están relacionadas, en primer lugar, con la limitación en el número de hermanos, que se aumenta hasta setenta y dos, en memoria de los discípulos del Señor, y otras que hacen referencia a la administración y al gobierno de la propia Corporación; como por ejemplo; el de como se ha de custodiar el arca de la Hermandad, caja donde se guardaban los bienes más importante, determinando que "Se ha de tener un arca con tener tres llaves, las cuales a de tener cada mayordomo una y otra el calvero".

En lo concerniente al gobierno de la Corporación estas presentan un nuevo organigrama con mayor número de oficiales, la desaparición de algún cargo y la aparición de otros nuevos; "Se han de nombrar dos mayordomos, dos albaceas, un clavero y dos fiscales. Se a de hacer en Cabildo ante notario con la presencia del Cura más antiguo de la Parroquia, cuyo Cabildo ha de hacerse en el día que fuese más cómodo para los hermanos". Por primera vez aparece el cargo de clavero, cargo que desempeñará el oficio de contador, y el de albacea que sustituirá a la figura del Padre de Almas, y que a modo de los albaceas testamentarios, serán los encargados de cumplir a su fallecimiento la última voluntad de los hermanos, haciéndose cargo y disponiendo todo aquello que al efecto pudiera corresponderles de acuerdo con las Constituciones. Igualmente se aumenta a dos el número de fiscales. Se hace también mención al periodo de mandato de los mismos: "Que elijan mayordomos, Hermano Mayor y demás oficiales en cada año, lo más largo, cada dos, sin que puedan continuar ni ser reelegidos sin especial licencia mía".

En 1725, un destacado hecho tendrá lugar, al solicitar la Hermandad poder construir un altar en una esquina de la Capilla Mayor de la Parroquia para trasladar a ese sitio la Imagen del Señor, ya que según se menciona en el escrito: "por que la Imagen del Señor no tiene por falta de sitio capilla donde se le ofrezca el reverente debido culto, que desean que su Ilustrísima les conceda su licencia, para que en la esquina de un pilar del arco de la Capilla mayor de dicha Iglesia puedan labrar a su costa un altar y retablo, donde sea colocada dicha Santa Imagen con mayor decencia y veneración.". (12) Las razones que motivaron a los hermanos de la Puente a buscar otra capilla, parece ser, como se desprende en una parte del escrito, radica en el poco espacio que les había quedado en el anterior altar, tras la ejecución y ampliación de la nueva capilla de las Ánimas.

En 1734 aprovechando las obras que se estaban realizando en la Parroquia, el Obispado autoriza con fecha de 31 de julio a la Hermandad para que lleve a cabo dentro de la propia Iglesia la construcción de una bóveda o cripta de enterramientos, cumpliendo así uno de sus fines, el dar cristiana sepultura a los hermanos difuntos. (13)

Se trata de la primera referencia encontrada que nos habla acerca del lugar o emplazamiento dentro de la Iglesia de San Juan donde la Hermandad daba sepultura a sus hermanos, pues hasta esa fecha es de suponer que la primitiva bóveda donde esta Corporación hacía sus inhumaciones era la de propiedad de la Cofradía matriz de la Columna, siendo a partir de la construcción de esta cuando la Hermandad dispone de bóveda propia.

Estas obras para la construcción de la mencionada bóveda, debieron ser de fabrica importante y prolongarse durante algún tiempo, pues del año 1735 queda constancia de apuntes anotados por la compra de cal, ladrillos y otros materiales, así como los jornales pagados y los carros que trasportaron los mismos y algunos refrescos que se dieron a estos trabajadores, importe de dicha obra que nos dice que ascendió a 615 reales de vellón, anotaciones que figuran registradas en el conocido como Libro de Cuentas de la Hermandad.

El Libro de Cuentas se trata de un documento de excepcional valor para la historia de esta Corporación, conservado hasta nuestros días, y que abarca el periodo de 1735 a 1784. Dicho Libro, conjuntamente con el otro de asentamiento de hermanos, que sin embargo, no ha llegado a nuestros días, constituía ser los dos libros que entonces preceptivamente y como ordenaban las Constituciones de 1724 por las que se regía la Hermandad, se habían de llevar para el gobierno de la misma; siendo este titulado "de cuentas" de suma importancia, en cuanto en el se detallan los ingresos, gastos, inventarios y memorias de cabildos de esos años, y que nos provee de abundantes datos sobre la vida, economía y patrimonio para reconstruir la historia de esta Hermandad en un periodo tan trascendente como es el siglo XVIII.

El mismo está fechado en 1735 siendo mayordomos Manuel Guerrero y Faustino Rubio, fiscal Bernardo Rodríguez y clavero Bartolomé Rodríguez, y que se inicia con la siguiente denominación: "Libro en que se han de llevar la cuenta por los mayordomos de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Puente de lo que se juntare de limosna y demás gastos". (14) Este consta de unas 450 páginas, en hojas de pergamino escritas a dos caras y está cosido a mano.

Gracias a este Libro de Cuentas encontramos la primera referencia acerca del trono de Jesús de la Puente, por el cual la Hermandad en 1735 compra el trono a la hoy extinguida Hermandad de Jesús Nazareno titulado "El Pobre", por la cantidad de 500 reales; de los cuales 200 fueron adelantados por dos hermanos y los 300 restantes se abonaron a dicha Hermandad al siguiente año. (15)

Este nuevo trono, por los datos que nos han llegado, respondía, a pesar de las restauraciones y mejoras que posteriormente se le hicieron, a un trono de mejor composición y ornamentación, cuya calificación más aceptable es que se trataba de un trono dorado y presumiblemente, como veremos, de dimensiones algo mayores.

Del anterior trono el único dato que tenemos es que al parecer como estorbaba en la Parroquia de San Juan, la Hermandad se deshizo de él llevándolo, por la cantidad de un real de vellón, al desaparecido en nuestros días Convento de Santa Clara. (16)

En 1750 el trono que se adquirió será completado con la inclusión de un grupo de angelitos y niños en sus esquinas y laterales, que fueron costeados los del frente del trono por los hermanos Francisco Gutiérrez, Bartolomé Rodríguez, Fernando de Montes y Francisco de Orejuela. No satisfecha la Hermandad con que el trono de su Imagen fuera de escasa vistosidad por su pobreza en el dorado, nuevamente, tres años después, es restaurado y dorado ascendiendo su coste a 1.653 reales de vellón y 17 maravedíes, para lo que comisionó al clavero Francisco Orejuela, para que "una vez terminado y recibido por la Cofradía se guardara en la casa de Orejuela, bajo tres llaves, y que nadie más que el susodicho pudiera enseñarlo durante el año a los que lo solicitasen ver por curiosidad". (17)

Por el inventario realizado en el mismo año, y del que se da cuenta a continuación, podemos conocer aspectos que en el capítulo dedicado al siglo anterior nos estaba aún vetado, como era el número de hermanos que llevaban el susodicho trono; este nos dice que se trataba de diez correonistas, al aparecer registrados como elementos del mismo las diez almohadillas y las diez horquillas para su porte. También este tenía unas caídas, hoy llamados faldones que cubrían la parte inferior a los varales. Para su mejor conservación, y dado el gasto que la Hermandad había acometido en él, sabemos que este disponía de una funda que lo cubría o protegía.

Ese mismo año de 1750 con motivo de la toma de posesión de los nuevos mayordomos, se reunieron en la casa del clavero, Francisco Orejuela, los mayordomos salientes, Francisco Chacón y José Garrido, y los entrantes, Manuel del Sol y Pedro Padilla, para en cumplimiento de lo ordenado en las Constituciones y siguiendo la costumbre, realizar inventario de las pertenencias de la Hermandad: "Que los mayordomos Antiguos han de entregar a los Modernos, todos los bienes y alhajas de la Hermandad por inventario ante notario como es costumbre y si por algún asistente faltase alguna, se han de cobrar su valor de los mayordomos en cuyo poder parase".

Dicho Inventario se trata de la primera relación expresa que llega a nuestros días de enseres que poseía la Hermandad; otro documento de enorme interés, en cuanto nos permite conocer el patrimonio de entonces y de forma indirecta conocer aspectos esenciales de la Hermandad. Este fue el inventario redactado el año 1750: "Primeramente, la imagen de Jesús en su capilla; una demanda de plata, dos cepos de latón con escudos de plata, dos de hoja de lata; un estandarte de tafetán morado con su cruz de plata con cordones de seda y su escudo; otros tres escudos, uno de hoja de lata y los otros dos pintados; un paño para la caja de terciopelo negro con sus fleques; una campanilla de metal, dos túnicas moradas para los niños; catorce escapularios, unas andas nuevas con su trono dorado, ocho ángeles, una vara de estandarte, la funda del trono, diez almohadillas, diez horquillas; la túnica de terciopelo con franja de plata, otra túnica de lo mismo, dos camisas de Jesús, tres potencias de plata, dos cabelleras, unos cordones de seda, tres pares de velos, seis candeleros, una vara de estandarte, dieciséis túnicas, dos frontales viejos, cinco libros, dos manuales, una romana, cinco arrobas de cera, un palio de tafetán doble morado, unas caídas, un bastón de palo plateado. En cuyos bienes y alhajas se dieron por entregados a los mayordomos que les sucedieren, y así lo dijeron y otorgaron y firmaron, siendo testigos Francisco Abendaño, Francisco Mirasol y Francisco Garrido, vecinos de esta ciudad. Rubrican. firman también el notario Pedro Padilla y Silvera". (18)

En esta la mitad de esta centuria la Hermandad de la Puente va adquiriendo una notable importancia en el concierto cofradiero, ello nos lo confirma el mencionado Libro de Cuentas, por el que conocemos que en el año 1756 la Hermandad tenia como filial, o si se prefiere, a su cargo, a otra cofradía, la de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto, como así aparece registrados por algunos pagos realizados en ese año a los hermanos de esa Cofradía por la asistencia a la procesión.

De dicha Cofradía de la Oración en el Huerto sabemos que estaba establecida en el hoy extinguido convento franciscano de San Luís el Real, sin que podamos concretar el año exacto de su fundación, como asimismo la fecha y causas en las que quedó vinculada a la Hermandad de la Puente.

No obstante, es en ese mismo año se verifica como esa misma cofradía se reorganiza, adquiriendo nueva imagen "por ser antiquísimas la que poseían", (19) deduciéndose por ello que su institución debió ser anterior. Como en otros casos similares, esta subsistió como hermandad de pasión pero vinculada a la Puente, pues en años posteriores siguieron figurando en el referido Libro de Cuentas las anotaciones por los pagos efectuados a dicha hermandad para su procesión; dependencia que muy probablemente se mantuvo hasta finales del siglo, pues tras haber quedado extinguida por unos años, en 1800 fue de nuevo reorganizada, esta vez, como hermandad independiente.

En el año 1760 la Hermandad acometerá una de las obras emblemáticas de esta antigua Hermandad, hay que referirse a la túnica bordada de procesión de Nuestro Padre Jesús de la Puente. Así pues, y considerando la Hermandad que la túnica que hasta entonces lucía el Señor desdecía ya; encargó a la bordadora María Teresa de Linde la confección y bordado en oro plata y sedas de una nueva túnica de terciopelo para el Señor, cuyo presupuesto total ascendió, incluyendo el terciopelo y la mano de obra de la bordadora, a 4.361 reales de vellón y 17 maravedíes, cantidad que fue abonada a la bordadora mientras se realizaba la túnica en distintos pagos a cuenta. (20)

Esta preciada túnica, aunque ya aparece registrada en el inventario de 1764 realizado por los mayordomos de la Hermandad, donde se nos da cuenta de que ya estaba casi a punto de ser terminada: "Una túnica de terciopelo bordado con hilillo de oro para Nuestro Padre Jesús cuando sale en procesión", túnica que tardó en ejecutarse ocho años, siendo terminada en el año 1768.

La túnica, que constituye una de las señas de identidad de esta antigua corporación nazarena, se trata de la pieza de bordado malagueña más antigua que actualmente se conserva y procesiona, aunque como es lógico ha sido objeto de algunas restauraciones o pasados del bordado a nuevos terciopelos.

Otro dato a destacar es que en 1761 la imagen del Señor de la Puente fue sometida a una pequeña restauración, en la que se le retocó un dedo que estaba en desperfecto, así como la colocación de nuevas pestañas todo ello por un importe de siete reales. (21)

En ese mismo año, otra vez, la Hermandad solicitó permiso al Obispado para trasladar la imagen del Señor a otra capilla, en este caso, para realizar una permuta, por la que cambió su capilla que tenía en el Altar Mayor y ocupar el altar de San José, y la imagen de San José ocupar y trasladarse a la de la Puente. (22)

Pero dicho emplazamiento no fue por mucho tiempo, posteriormente, en años inmediatos, sin que hallamos podido precisar la fecha exacta, abandonará este altar para desplazarse a una nueva capilla levantada en la nave izquierda, ubicación que ha ocupado en la Iglesia hasta nuestro días. Dicha capilla sufrirá la primera importante obra en 1768 con la reconstrucción de una bóveda nueva, teniendo que rehacer toda esta de ladrillería, que según queda constancia su importe alcanzó los 700 reales. (23)

Del poderío y bonanza económica por el que pasaba la Hermandad por aquellos años no existe duda, pues a pesar de los importantes estrenos y reformas que se habían llevado a cabo, en 1772 se hace cargo también de otra Hermandad, la de Nuestro Padre Jesús a su entrada en Jerusalén, conocida popularmente como "La Polliníca". Esta cofradía que tenía su sede en el Convento del Cister dependía en esos años de la Hermandad de la Oración en el Huerto, cofradía esta última que como hemos apuntado antes, también estaba bajo la protección de la Puente.

De este cambio de titularidad hay constancia en un documento que se encuentran en el Archivo de la Hermandad compuesto por cuatro epígrafes: "memorial, auto, informe y cabildo", y por el que ante el Provisor mayor del Juzgado de Testamentos y Obras Pías del Obispado, el Hermano Mayor, Francisco Abendaño y el clavero Miguel García, en nombre de la Hermandad de la Puente, solicitaban en el citado Memorial, que les fuese concedido permiso y licencia para que se admitiese dentro de esta Hermandad a la cofradía de la Polliníca a la que se comprometía a seguir sacándola en procesión. Asimismo, en ese Memorial se afirmaba que se había abonado, sin especificar cantidad alguna a la Hermandad de la Oración en el Huerto por los derechos de cesión de esta cofradía.

El presente auto y acuerdo fue ratificado por el Cabildo de la Hermandad el día 7 de junio de 1772, para lo cual se reunieron los hermanos de la Puente en la sacristía de la Capilla dando su conformidad y consentimiento, siendo a partir de esa fecha cuando la Cofradía de la Polliníca pasó a depender de la Hermandad de la Puente, pero con las mismas prerrogativas y privilegios que tenían cuando dependían de la Hermandad de la Oración en el Huerto. (24)

La adhesión o agregación bajo la protección de Hermandad de la Puente de las hermandades, primeramente, de la Oración en el Huerto, y luego de la Polliníca, nos indica el momento álgido por el que atravesaba en esta centuria la Hermandad, pasando ser en el siglo anterior de una hermandad filial a una cofradía matriz capaz de hacerse cargo de otras, un dato, sin duda, revelador del periodo de bonanza e importancia que asumió en el concierto cofrade malagueño la Hermandad, teniendo en cuenta que en esta centuria, la del dieciocho, la existencia de cofradías matrices que asuman a otras filiales ya no tienen lugar, sino por contra, se extinguen algunas de esas filiales o las que estuvieron como tales, figuran ya como corporaciones independientes o con vida propia.

Por el mencionado Libro de Cuentas, en 1773 aparecen unos apuntes que dan la primera reseña sobre los sayones que acompañan a Jesús de la Puente, no siendo estos de imaginería sino vivientes. Como se desprende de los pagos efectuados "a los que hicieron de judío y romano acompañando al Cristo durante la procesión" (25) de lo que se deduce que durante todo este tiempo, la Imagen del Señor de la Puente iba solo en el trono acompañado (delante de este) por figurantes de sayones, costumbre que perduraría hasta entrado el siglo XIX. Estos personajes, nunca bien vistos por las autoridades eclesiásticas, eran normalmente personas a sueldo que iban ataviados con trajes de judíos, como se desprende del arqueo realizado ese año, que dice: "Y procedo a formar cuenta a Francisco de Paula Abendaño, como encargado para hacer las ropillas de los que salen de sayones, que salieron en la procesión de esta Semana Santa con aplauso de todos los que los vieron por la propiedad de dichos vestidos, los que quedan por más bienes de esta Hermandad", vestimentas o atuendos cuyo coste total, 153 reales, fue sufragado entre los hermanos correonistas, que pusieron 100 reales; por los que llevaban el palio de respeto, que dieron 23; y por Juan Swert, patrono (benefactor) que era de esta Hermandad, quien libró de su peculio 30 reales.

En 1776 fue restaurada la Capilla con el dorado del retablo de la misma, obra que ascendió a la notable cifra de 2.500 reales de vellón, concluyéndose estas mejoras efectuadas en la Capilla con la colocación, dos años después, 1778, de una verja de hierro que costo 700 reales. (26)

Al llegar al último tercio de esta centuria, el contexto posibilista que muchas hermandades, entre ellas la de la Puente, estaban viviendo, se complicara. Durante este periodo histórico los distintos "gobiernos ilustrados" promulgaron una serie de disposiciones legales, de corte reformista, pero que con un cierto acento anticlerical, tratarán de limitar el que veían como excesivo poder de la Iglesia sobre la sociedad. En lo que concierne a las hermandades y cofradías, consideradas como encarnación de formas "arcaicas" de devoción, asistirán a una nueva época donde la salvaguardia y prerrogativas que habían disfrutado durante el reinado de los Austrias van a verse mermadas con una serie de leyes que les perturbaran notablemente.

Dos de ellas serán significativas: Así, en 1781, es dictada la Real Orden por la que se prohibían los enterramientos dentro de los templos y alrededores (27), pudiendo acoger a partir de entonces solo las cenizas de sus hermanos una vez exhumado el cadáver del cementerio, transcurridos unos años, conduciéndose los restos al templo, medida, que con el tiempo condicionará a la Hermandad a la construcción del cementerio de San Miguel de un panteón para enterrar a sus hermanos; ello en el primer tercio del siglo XIX.

Pero quizás la que resultó más nociva fue la Real Pragmática de 1783 sobre abolición y revisión de hermandades de pasión y otras asociaciones piadosas (28), que entraría en vigor mediante su publicación como Real Orden en 1786, y con la que el gobierno ilustrado de Carlos III encontrará el pretexto para controlar y reducir el número de cofradías, y por la cual todas las corporaciones erigidas que no fueran sacramentales y que en esa fecha no gozasen de la aprobación Real de sus estatutos, deberían bien: ser abolidas destinando todos sus bienes para el socorro de los pobres o unirse a una hermandad sacramental o de animas de la Parroquia a la que pertenecieran. Asimismo, se decretaba la obligación de todas las hermandades y cofradías de pasión a redactar nuevas constituciones o estatutos que a su vez debían presentar al Supremo Consejo de Castilla para su sanción. En caso contrario, transcurrido el plazo reglamentario, se les comunicaba el embargo de todos sus bienes y la suspensión de todas sus actividades hasta no recibir la aprobación; medidas que en su trasfondo lo que anhelaban eran transformar a las hermandades en meros montepíos fiscalizados por el Estado.

Ello originó durante muchos años hasta entrado el siglo XIX continuos pleitos y apelaciones que las distintas hermandades tuvieron que salvar para ver reconocidos su situación, ante lo que muchas quedaron extinguidas, y otras, obligadas a unirse a hermandades sacramentales.

En lo que atañe a la Hermandad de la Puente, es de suponer que pudo salvar este obstáculo legal, pues a pesar de no haberse hallado nada al respecto, sabemos por documentos posteriores, que la vida de la misma prosiguió y no se vio ni interrumpida, ni extinguida.

Todas estas disposiciones a la que se vieron sometidas las hermandades durante este último tercio del siglo por parte de los gobiernos "ilustrados", pusieron en graves aprietos la existencia de las cofradías. Basta solo decir que de las 67 cofradías de pasión censadas en la ciudad antes de que estas medidas fueran promulgadas, a finales de siglo decreció hasta quedar en número de 35.




CRÉDITOS
"BREVE HISTORIA DE LA HERMANDAD"
Extracto sobre estudio histórico realizado por Diego Hermoso Ruiz-Vázquez


FUENTES DOCUMENTALES
(9) - A.H.P.M.: Escribanía de Cristobal Martín de Castilla, fol. 607. Año 1703.
(10) - A.H.P.M.: Escribanía de Alonso García Villafuente, fols. 336-345. Año 1705.
(11) - A.H.P.: Constituciones de 1723 y auto de aprobación de las Constituciones por el Obispo Diego de Toro y Villalobos, 24 de marzo de 1724.
(12) - A.H.P.: Solicitud formulada al Obispado por la Hermandad para la construcción de un altar en la Capilla mayor de la Iglesia, leg. 11 de junio de 1725.
(13) - A.H.P.: Solicitud dirigida por la Hermandad al Obispado para la construcción de una bóveda de enterramientos en el subsuelo de la Iglesia, leg. 30 de julio de 1734.
(14) - A.M.M.: Libro en que se han de llevar la cuenta por los mayordomos de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Puente de lo que se juntare de limosna y demás gastos, 1735-1789. s/c. Véase también, LLORDEN, A. y SOUVIRON, S.: Historia documental de las Cofradías y Hermandades de Pasión de la ciudad de Málaga, Ed. Ayuntamiento, Málaga, 1969. p. 443.
(15) - A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(16) - A.M.M.: Idem.
(17) - A.M.M.: Idem.
(18) - A.M.M.: Idem. Inventario de bienes realizado con motivo del cambio de mayordomos, año 1750.
(19) - A.M.M.: Décadas Malagueñas. Años 1756 y 1757.
(20) - A.M.M.: Idem., pagos efectuados a la bordadora Teresa de Linde por la ejecucción de la túnica para el Cristo, 1760-1768.
(21) - A.M.M.: Idem.
(22) - A.H.P.: Solicitud de la Hermandad dirigida al Obispado para la obtención de la licencia para permutar el altar en la Iglesia por el de San José, leg. 20 de febrero de 1761 y auto de concesión por el Provisor General del Obispado concediendo a la Hermandad el cambio y permuta de altares solicitados, leg. 21 de feberero de 1761.
(23) - A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(24) - A.H.P.: "Cabildo"; Acuerdo de ratificación por este órgano de gobierno de la Hermandad por el que se aprueba hacerse cargo de dicha Cofradía de la Pollinía. Ms. del 7 de junio de 1772, leg. 6-8.
(25) - A.M.M.: Libro de Cuentas de la Hermandad, op. cit., s/c.
(26) - A.M.M.: Idem.
(27) - Real Cedula de Carlos III sobre prohibición de efectuar enterramientos en el interior de los templos. Año 1781. (Libro 1º, ley 1º, título III de la Movilísima Recopilación de las Leyes de España..., mandada formar por el Señor Don Carlos IV (6 vols.), Imp. Real, Madrid, 1805).
(28) - Real Pragmática de Carlos III sobre abolición y revisión de hermandades de pasión y otras asociaciones piadosas: "Resolu-ción de S. M. a consulta del Consejo de veinticinco de junio de mil setecientos ochenta y tres, sobre reforma, extinción y respectivo arreglo de las Cofradías en las Provincias y Diócesis del Reino. Año 1786. En Madrid. En la Imprenta de Don Pedro Marín". (Libro 9º, ley 6º, título II de la Novilísima Recopilación de las Leyes de España..., op. cit.).